El Caba está de regreso con un nuevo capítulo de su novela
Ya estamos en el quinto capítulo de esta novela bloguizada. Este es un periodo de reconocimiento, y -al igual que en la anterior entrega- con el capítulo que publicamos esta semana, podremos llegar a conocer un poco mejor la idiosincracia del personaje central de este relato. ¿Es un eterno adolescente machista? ¿Es un héroe asumido? ¿Es el vengador anónimo? ¿Es un ejemplo por el sí o uno por el no? ¿Y si es alguien que está en el medio y estamos tratando de definirlo tajantemente? Bueno, basta. Saquen ustedes sus propias conclusiones...
Rencor
La primera Valeria que me tocó conocer en esta vida era bellísima. La encontré en un bar, ¿dónde más?
Estaba tras la barra: alta, esbelta, cara de Barbie. Ojos grandes, muy grandes, pestañas largas, pelo corto, castaño claro. Una muñeca; una cola hermosa y unas patas impresionantes. Demasiado para uno, acostumbrado a mujeres más... simples.
Uno se hace muchas preguntas cuando una mujer de esa naturaleza lo mira. ¿Por qué? es la primera, y eso ya deja bien en claro con la suerte que anda uno en la vida. Es como que necesitamos una explicación de algo que en nuestra vida no podría pasar nunca. Después empezamos a hacer afirmaciones del tipo, ¡No, no puede ser!, ¡No, no te puedo creer! De estar con un amigo, ya empezamos a subir el tono, "mirá boludo, ¡me está mirando!", etcétera.
Yo esa noche estaba solo y me pregunté muchas cosas. Encontré respuestas, sentido, una realización, una ironía de la vida despúes de tanta pesadumbre.
¡Que hembra, por Dios!.
Y ahí estaba yo, apoyado en la columna; un trago en la mano, cigarro en la otra, haciéndome el natural, el tranquilo, como si fuese alguien encarnado al lugar, como si estuviese en mi medio; era... el lugar más cheto de la ciudad.
La mina me miraba mucho (demasiado para la costumbre). Me ponía incómodo, y más viniendo de semejante perra. Dios, mi ego, la gloria, ¡se hizo justicia la puta madre!.
Pero seguía cuestionándome cosas. Dos preguntas sin respuesta: ¿por qué ahora? La otra: ¿Por qué no llegó mi novia?.
Sí, así es la vida: caprichosa, evasiva, desfasada e injusta. Es claro que un tipo con principios no se deja seducir por una oportunidad tan celosamente adornada por el diablo. A lo sumo sería una oportunidad para más adelante; cosa que también dudaba, puesto que estaba decidido a poner lo mejor en está nueva etapa de nuestro noviazgo. Con esa firme determinación me acerque a la barra a pedir un trago... suerte la mía, me atendió en persona ella, ella, ella, ella, ella, ella. Yo, sin saberlo, estaba siendo inducido por una de las armas preferidas de este mal intencionado ser, (me refiero al diablo): el alcohol. Pero uno es fuerte, está acostumbrado a coquetear con lo prohibido y le hice el juego, como una forma de demostrarle mi respeto por tantos años de lucha y en reconocimiento por su nueva arma, una maravilla sin duda; costaba reconocerlo oculto en esa princesa. ¡Maldito satán! (Lo pongo con minúscula porque soy creyente, para restarle importancia...)
-Hola
-Hola, qué tal
De una que no me la creí que estaba el diablo en todo esto. No podía ser, ella era un angel. Acá algo raro había, mi novia no llegaba, me dejaba plantado. Solo, en este lugar.
Importante
Era una noche importante para los dos, ella estaba enamorada, era muy raro que no viniese, inclusive el diablo... se mostraba de lo más considerado conmigo, todo era extraño, me sentía con- fuso. Inclusive llegué a pensar, "Valeria no puede ocultar al diablo... mi novia me dejó plantado, que extraño".
A eso de las cinco me fui, llegó el novio de Valeria y se terminaron de disipar mis dudas: mi novia me había dejado plantado. Rarísimo.
La historia es que como a los dos meses vuelvo al bar, convencido de que la princesa era mi destino; ya que no había podido resolver la dificil ecuación que en mi ex-novia se me planteaba: b + b = x, podriamos decir. Belleza interior + Belleza exterior = No soy un superado... estoy perdido en la materia.
Caprichosa, evasiva y defasada es la vida.
-No trabaja más acá.
-¿Y no sabés dónde la puedo encontrar?
-No.
Ante la posibilidad de caer en un pozo depresivo por la noticia que estaba recibiendo y vivir unos días más, o al menos sobrellevar el mal momento con un poco de contención, accedí a las circunstancias y de buen grado acepté que tal vez por el momento, Malena, la compañera de barra de Valeria, podía brindarme un poco del cariño que yo necesitaba. ¡Sí, hay que dejarse querer en la vida! Es que... la noté dispuesta.
Acepté entonces, mi situación con valentía, porque es de hombres también admitir un momento de debilidad; en nada esto a uno lo hace menos hombre. Hay momentos para dar y momentos para recibir; anoté el teléfono de Malena y me fui. Ahora sí, con un poco más de humor.
La vida te quita y te dá, decía una ex. Malena, lo único que podía contener, era un celular dentro de la cartera, después no contenía nada; ni afuera ni adentro.
Al mes, en una tienda de ropa de la que yo era cliente. Sorpresa: Valeria de cajera.
¡Ajá... mirá vos. Estaba atendiendo, así que sonrisa va, sonrisa viene, llega mi turno.
-¡Hola, cómo andás!
-¡Hola!
Bla, bla, bla, ... bla, bla, bla... ¿vamos a tomar un café?
Me aclara que tenía novio; y al rato estamos en el café más tramposo de la ciudad. El mundo comenzaba a mostrarse felíz, ameno.
Valeria contaba la suerte de su novio. "Me agarró cansada" decía; y yo hacía lo más inteligente que se me pudo ocurrir: escuchar y tener la boca cerrada todo el tiempo que podía.
Me sorprendía ver en ella cualidades aparentemente antagónicas, una mixtura atípica que pocas veces había visto: lucidez y belleza.
La señorita era sorprendente, desbordó mis espectativas ampliamente; eso es bueno. Era tan sólo razón de días y dejaría a su novio. Ella se sentía cómoda, hablaba de su hija, su familia, sus problemas. "Sos raro vos", dijo una vez. Decía que se sentía bien conmigo, hablaba de cosas que por lo general no hablaba con nadie más, y eso era lo raro.
El silencio también era buen arma, contra todas las estupideces que se me ocurrían.
Y sí... en un instante me dí cuenta que yo no le estaba haciendo el verso a nadie, todo lo contrario, la princesa tenía mucha noche; lo más sabio era interesarme por su vida y festejarle todos los chistes, de forma que tuviera ella la palabra. Me fue bien, logré su teléfono, la despedí en la parada del taxi y me fui en ganador; joya... ¡campéon!, joya maestro, ¡joya!
Parece medio estúpido
Pasaron varios días y nos volvimos a encontrar. Salimos a tomar un café. Otro día caminamos. Y así pasó como una semana. Desde el comienzo hubo un código sutil, que a mi entender, dejaba bien en claro las ganas y expectativas de ambos de hacer las cosas bien, no hubo ni un beso hasta el día en el que ella decidió cortar con su novio, media hora después de nuestro piquito. Casi lo logramos (esto parece medio estúpido pero bueno, así fue).
A los días de conocernos ya habíamos planeado un viaje juntos a Mendoza. Cuando me lo propuso, me costó disimular la felicidad (los dientes) al imaginarme en una cama con esa mujer. Todo era mágico, un sueño, y yo no lo podía creer.
El viaje sería en un mes. Ella debía ir por trabajo 15 días, yo por ella. En el transcurso de ese mes nos separábamos por que yo tenía que terminar un trabajo en el campo de donde salía la plata para ir a Mendoza.
¿Por qué te vas? me preguntaba un amigo; como que era muy claro que por una mujer así no te podés ir a ningún lado, menos si es por trabajo. Aprovechamos los últimos días al máximo, bueno, no al máximo: no se dió esop que todos están imaginando.
No hay que andar forzando las cosas.
A mí la idea de estar 15 noches en un hotel con esa muñeca lograba distraerme y no me importaba pasear, charlar. Nada. Como que yo ya tenía la vida hecha, ¿me explico?. Aparte siempre es bueno pasearse con una mujer así por la ciudad, que te vean las que te dijeron no, alguna ex- novia que se lo merezca y todas esas cosas.
Yo deliraba... ya estaba en Mendoza. Así me fui al campo, contento, enamorado como un estúpido. A los días me llama, "Hooola gordo", "Mi amooor", "Te extraño". Hermosa, preciosa, le decía yo, y todas las boludeces que en la semana se me ocurrían para decirle. Llamado va, llamado viene, el amor, amor... ¡que bueno!
A las dos o tres semanas, un miércoles, hablamos y me dice que quería verme, me extrañaba.
Justo íbamos a salir del campo ese fin de semana; el jueves la llamé y se lo dije. "Uy, buenísimo, yo el domingo tengo franco, vamos a poder estar todo el día juntos".
Antes, yo tenía que pasar por otra ciudad y de ahí me tomaba un micro adonde estaba Valeria. El sábado la llamé desde la terminal para decirle a que hora llegaba, pero los teléfonos no me daban, uno el de la casa , y otros dos celulares (uno de los cuales había prometido regalarme).
En uno de los tantos llamados, logro hablar con la madre, y me dice,"Dijo que le dejes dicho a qué hora llegás". "A las nueve señora, domingo a las nueve". El viaje era largo, más de 800 km.
Tipo 7 de la mañana en el micro, me despierto con terribles presentimientos: en el campo había tenido un sueño donde Valeria me engañaba con un chabón; un flaco que me venía haciendo la segunda, en la vida real también.
El loco no me perdía pisada, una pesadilla. Llegué a la terminal y los presentimientos desaparecieron al instante convirtiéndose en el primer hecho, dentro de todo el divague de mi mente, la Barbie no me esperaba.
"Tranquilo, tranquilo...", me consolaba, "algo le pasó, no la odies aún, algún problema habrá tenido". No cerraba pensar que simplemente desapareció, tiene que ser algo realmente serio. Me empecé a preocupar; desde casa la seguía llamando y... nada. Yo no entendía una, "esto es muy raro... que raro, rarísimo".
Pasaron las horas y me acercaba a la última conclusión posible; tendría que admitirlo. Era un chiste, no me podía estar pasando ésto; busqué cámaras ocultas, ¿todo era una joda para Marcelo de Video Match? Algo, pero nada.
¿La muy puta me estaba clavando de esta forma? No, no, a mí no. Tiene que haber una razón.
A las 5 de la tarde lo asumí. En parte.
De todas formas quería una explicación. Me empecé a dar cuenta de que con esta mujer no se podía hablar nada en serio. Si era capáz de hacer lo que había hecho, poco le iba a importar lo que yo le dijera. Es más, quizá hasta me enroscara con un nuevo verso.
¿Con qué cara volvía al campo?, me tenían como un héroe; había sido tan preciso en su descripción que cualquiera podía hacer un retrato. Un golpe durísimo...
Al carajo Mendoza, a la mierda el hotel, las miraditas de complicidad con el conserje, salir a comprar forros a las 4 de la mañana, el champú, la cascada, las ojeras, el mañanero, el horror de las viejas en la plaza cuando le tocara las tetas. Todo, todo, todo se venía a la mierda... ¡Valeria!
¿Por qué? ¿Por qué me hacés ésto? ¡Puta, puta, puta histérica!.
La venganza será terrible
Yo no soy una persona vengativa, nunca lo fui, pero empecé a evaluar la posibilidad a eso de las 6 de la tarde de aquel frustrado domingo.
Soy buena persona, todos lo saben... Una venganza salida de mí tendría que reunir ciertas condiciones de... bondad digamos.
No sería un acto pura y exclusivamente malvado, tendría cierto carácter pedagógico, una moraleja, una enseñanza, algo que dejara en claro mi enojo y dignidad. ¡Sí, tenía que ser digno de un buen tipo!, un baldazo de agua fría por ejemplo.
Esa noche salimos con mi amigo de gira por la ciudad tratando de pasar el mal día; de todas formas la venganza estaba decidida y eso me hacía sentir un poco mejor. Mi amigo me acompañaría y sacaría una foto para el recuerdo, estoy hablando en serio.
Tipo cuatro de la matina ya no quedaban bares abiertos y nos metimos en el último de la noche; nos sentamos, pedimos tequila y ahí apareció ella.
-¡Che, no es esa que está de espaldas!
-¿Dónde?
-Ahí, con el chabón.
Era nomás. La noche se puso emocionante. Desistimos de tirarle el baldazo, para poder seguir entrando al lugar en el futuro. "Pero vas a tener que hacer algo", dijo mi amigo. "Y bue..." dije yo. Me fui a la mesa de ella; el flaco era "el afortunado", que la había agarrado cansada nuevamente.
Me senté, la saludé y como pude le empecé a preguntar los por qué. "Explicame, no entiendo". Como me lo había imaginado se empezó a hacer la desentendida, cara de piedra, un cinismo tal que jamás me lo hubiese esperado: ¡una verdadera hija de puta!.
La cuestión es que me enteré, ahí en la mesa, que había vuelto con "el afortunado" el viernes o el sábado, no me acuerdo.
Molesté un poco, la deschavé adelante del pobre flaco, que no entendía nada de lo que estaba pasando, y me fui.
Sí, "pobre", él tuvo peor suerte que yo: se quedó junto a ella. Bah... la vida es rara: él estaba contento. Nunca se dio cuenta de nada.
Con un pedo considerable nos fuimos a dormir. Pero la promesa de venganza, dulce venganza, seguía en pie.
A eso de las 10 de la mañana milagrosamente me desperté, como quién tiene cosas importantes que hacer. Llamé a Albert, mi buen amigo, pero la madre me dijo que no lo podía despertar.
No lo dudé un momento y me tomé un colectivo para el centro antes de arrepentirme: Valeria trabajaba en una zapatería, horario de comercio. No quería pensar lo que estaba por hacer, no quería echarme atrás.
Pedí un balde prestado en el negocio de un amigo. Era uno de 20 litros, pero le habré puesto unos 15; por que estaba muy ansioso. Crucé la calle con el corazón saliéndome por la boca, trataba de no pensar, las piernas me temblaban; entré al local y ella estaba tras la caja mirando unas facturas, así que eso me dió tiempo para agarrar el balde bien de abajo y encajarle los 15 litros absolutamente a ella, sí. Atrás mío había quedado un empleado del local que lo único que alcanzó a decir fue "¡Uuuhh!"
Habría 5 personas en el lugar, parecían mudas, nadie dijo una palabra, se quedaron helados. Valeria no me vió en el momento que se lo estaba tirando, de repente estaba bañada en agua, y con el típico suspiro de cuando te mojan, con los pelos pegados a la cara y una camisa blanca que ahora hacia de transparente. Me miró, no reaccionaba ( me acuerdo y me meo).
¡Valeria te cagué!.
Bueno, me miró seria, (hasta ese momento era como una película muda, salvo por el "uhhh" de su compañero) todos callados. Un lunes... imagínense. La Vale que me mira a mí. Tres segundos. Giró la cabeza, inmóvil como estaba y lo miró al encargado. Dos segundos. Me vuelve a mirar a mí y lo mira otra vez al encargado. Parecía una comedia. Había silencio, pero también otra cosa que... no puedo explicar bien. Un aire tenso, denso, una atmósfera de suspenso digamos.
"Yo... yo soy más loco que vos Valeria".
Eso fue lo único que atine a decir. Agarré el balde y me fui sin decir más nada, crucé la calle y todavía me temblaban las piernas. Ya no la odiaba, había desaparecido el rencor, me volvió el ánimo. Inclusive desde ese día le tengo cariño, es increible pero es así. Esto de la venganza es una terapia positiva, sincera.
No me iba a quedar esperando con ese rencor disfrazado a que la vida te ajusticie. Esa esperanza de superados que esperan por años verte sufrir lo mismo que ellos; ese placer y odio reprimidos a largo plazo, de imaginarte un buen día padecer doliente por tu pasado.
No, no... no señor: venganza. Venganza hecha y derecha.
Tábanos molestando
Anabela27/10/2004
Señor Caba:
A mi me parece que ese baldazo de agua es veridico...
Abrazos
Ana
Gonzalo Caballero29/10/2004
Anabela... le confiezo que... un 90% de lo que usted ha leido, y leera, es... mi vida. El resto son ratos de estravios que sufro desde pequeño.
Me gustaria abrazarla... pero me la cortan. Virtualmente hablando, soy muy infiel.
Anabela30/10/2004
Caballero:
F7 es la tecla que sirve para corregir los errores de ortografía en el word. Como su lectora habitual se la recomiendo. No así la infidelidad, esa no se la recomiendo porque es algo medio mezquino. Hay muchas otras maneras de ser uno mismo sin necesidad de lastimar a otra persona. Y disculpe que me haya puesto así de seria, pero si le gusta el durazno, bánquese la pelusa y no tenga novia si es un amante de la jarana y de los amores de uno en cada puerto. Haga como Sabina, pero sin sirrosis.
Un inocente abrazo
Ana
Gonzalo Caballero31/10/2004
Anabela, lo de f7 es un dato que no tenia, siempre mire a esas teclas con mucha curiosidad. Y entre las opciones que me das para ser yo mismo, voy a elejir (j... o g) ésta de ser medio bruto, como caracteristica personal; antes de que me sigas cagando a pedos adelante de todos.
Chau... y estamos hablando de uno de los chau más asexuados que has escuchado en tu vida.
Miguelito01/11/2004
Che... vayan más despacio... que el antiquísimo proverbio infantil dicta que los que se odian se aman.
Tábanos molestando
Señor Caba:
A mi me parece que ese baldazo de agua es veridico...
Abrazos
Ana
Anabela... le confiezo que... un 90% de lo que usted ha leido, y leera, es... mi vida. El resto son ratos de estravios que sufro desde pequeño.
Me gustaria abrazarla... pero me la cortan. Virtualmente hablando, soy muy infiel.
Caballero:
F7 es la tecla que sirve para corregir los errores de ortografía en el word. Como su lectora habitual se la recomiendo. No así la infidelidad, esa no se la recomiendo porque es algo medio mezquino. Hay muchas otras maneras de ser uno mismo sin necesidad de lastimar a otra persona. Y disculpe que me haya puesto así de seria, pero si le gusta el durazno, bánquese la pelusa y no tenga novia si es un amante de la jarana y de los amores de uno en cada puerto. Haga como Sabina, pero sin sirrosis.
Un inocente abrazo
Ana
Anabela, lo de f7 es un dato que no tenia, siempre mire a esas teclas con mucha curiosidad. Y entre las opciones que me das para ser yo mismo, voy a elejir (j... o g) ésta de ser medio bruto, como caracteristica personal; antes de que me sigas cagando a pedos adelante de todos.
Chau... y estamos hablando de uno de los chau más asexuados que has escuchado en tu vida.
Che... vayan más despacio... que el antiquísimo proverbio infantil dicta que los que se odian se aman.
Sin mas saluda a ustedes dos atentamente
Miguelito
cual es la joda?¿