¿Scatizza está cansado de la caballerosidad, o la caballerosidad se cansó de él?
De Pablo Scatizza suele decirse que es un periodista muy seriecito, que anda todo el día metido en la academia, que siempre aborda temas complejos y con altura. A nosotros nos importa un pito, porque le dijimos: "nene, si vas a escribir en esta página olvidate de tu licenciatura". Scatizza sonrió, y a los siete días llegó hasta nosotros con el confesional y simple texto que ahora vas a leer. ¡Lo logramos!.
Sí, claro que lo logramos. Scatizza admite por primera vez en su académica carrera profesional que toma bondis, que lo acusan de gay con la mirada, que solía ser caballero y que ha decidido no cederle más el asiento a las mujeres porque sí. Impresionante. A ver que medio lo logró, eh. Sí, sí, a ustedes les entregó reportajes a Amir Samin, a Osvaldo Bayer y a James Petras. Pero a nosotros nos contó que transpira (¡tomáááá de acá!).
Confieso que mis padres hicieron todo lo posible. Lo juro. Me enseñaron a caminar del lado de afuera de la vereda cuando iba acompañado por una mujer, a ceder mi asiento a una dama en el colectivo, a abrir las puertas y dejar pasar primero a las señoras y a las señoritas, y todas esas cosas por el estilo.
Lo confieso: supe ser caballero. Pero he decido no serlo nunca más.
Todo sucedió hace un tiempo atrás en el colectivo que me llevaba a mi casa. En uno de esos momentos en los que uno piensa porque no tiene otra cosa que hacer, mientras mira a la gente meter y sacar su tarjeta de la maquinita esa que decide quién viaja y quien no. Cabe aclarar que no fue ninguna revelación ni nada por el estilo, sino el producto de cosas que uno lee y escucha con el paso del tiempo, y que finalmente decide llevar a la práctica. El colectivo se detiene en una parada y sube una señora, de unos 40, 45 años, con cara de cansada y mirándome con ganas de ocupar mi lugar. Y ahí fue cuando sucedió. Contrariamente a lo que siempre acostumbré a hacer, decidí no cederle el asiento.
“¿Por qué?”, pensé. Ella venía tan cansada como yo, y sin la pesada valija llena de libros que colgaba de mis hombros. Hacía calor y venía realmente cómodo sentado en mi deteriorado asiento. Ahí fue cuando me convencí de que el ser caballero no es más que una de las tantas imposiciones machistas que nos impone esta sociedad patriarcal, porque cederle el asiento a una mujer que se encuentra en las mismas condiciones que un hombre, por el sólo hecho de ser mujer -y no por estar embarazada, cargada de cosas, con muletas o de alguna u otra manera disminuida en su movilidad-, implica suponer que ella es más débil, más frágil, y que por eso merece sentarse.
Sabemos que esto no es así. Pensar eso es lo mismo que pretender que las mujeres deben dedicarse a las «duras tareas de la casa», criar hijos, «tomar pastillas porque el forro me es incómodo», y cosas por el estilo.
Dos paradas más allá sube al bondi un muchacho haciendo equilibrio con cinco bolsas de supermercado, e inmediatamente me paré y le di mi lugar. El tipo me miró de costado mientras me agradecía. La gente -incluida la mujer cansada que se había quedado al lado de mi asiento- me miró de reojo y algún murmullo se escuchó entre el ruido de asientos flojos.
“El asunto no es ser «caballero» -pensé- sino ser cordial”. Porque ese tipo sí estaba en inferiores condiciones de movilidad que yo, o que la señora cansada que no dejaba de mirarme con recelo.
Por eso digo: al diablo con la caballerosidad. De ahora en más, el asunto es ser cordial. Y si dejo pasar primero a una mujer es porque también dejo pasar a un hombre, porque en tal caso ese día tuve un ataque de cordialidad y no porque primero «deben pasar las damas y después los caballeros». Además el término “caballero” tiene una clara connotación varonil, y por lo tanto exclusiva: sólo los hombres pueden ser caballeros. Cordial, en cambio, no tiene género predefinido y, por lo tanto, incluye.
Mamá, papá, sepan disculparme. No son ustedes los culpables de esta sociedad machista y patriarcal en la que vivimos, sino sólo meros reproductores de su ideología.
Pero yo, yo no soy más caballero.
Tábanos molestando
Raúl19/09/2004
Señor don Pablo Scatizza:
Tantos lindos recuerdos me arriman a su persona, clases de álgebra y lógica, barsito de la Facultad, exhibiciones de gimnasia donde yo era uno de los que decía "ese que da vueltas en el aire es mi amigo", recitales de Bufón del Rey compartir sueños como la Scatizza Oíl Company, etc., innumerable situaciones que la vida me regalo al lado suyo... y ahora el disgusto me abrazó: he leído su comentario sobre la caballerosidad.
Amigo, ¿cómo es esto de relacionar la igualdad de condiciones con la virtud mas romántica hacia las mujeres que es la de ser un caballero?, ¿o acaso Ud. le regala Flores a su padre para al día del Padre? O mejor aun, ¿la pondría a su esposa de arquera en el picado barrial? No mi amigo, son terrenos diferentes, la igualdad de condiciones hágaselo notar en otros aspectos de la vida, no en un colectivo... dios mio si se entera mi madre que siempre dice "¿Qué es de la vida de ese chico tan bueno amigo tuyo de la facultad...?"
La caballerosidad a mi humilde entender, son normas escritas en el aire donde solo las cumplen hombres considerados, cordiales y solidarios (como Ud. mi amigo) y son recibidas por mujeres educadas, femeninas y dulces que se dejan -inconscientemente-apañar bajo la ternura de un buen gesto, es ese ida y vuelta donde el hombre homenajea y la mujer agradece, no se trata de superioridad ni inferioridad, se trata de consideración y piropo. Por supuesto que tanto existe la caballerosidad como la Damasidad, palabra que acabo de inventar, porque la dama que recibe tal gesto debe saber devolverlo y en eso consiste el recién creado termino, demás esta pensar que la devolución tiene que ser una demostración efusiva y lívida, no, solo una sonrisa y un gracias le pone un broche de oro a ese momento donde hasta los espectadores se llenan de buenos sentimientos.
La Caballerosidad, y como Ud. bien dice, abarca la relación entre hombres también y aunque uno sabe que todo es distinto, dejar pasar a un hombre cuando ambos tratan de entrar a un banco, habla muy bien de quien ceda el paso y seguramente recibirá por lo menos un "muy amable".
Amigo, muchas veces lo he leído y con su sabiduría me ha hecho re-pensar ciertas cosas, no aspiro a tal consideración pero a modo de caballerosidad, píenselo en su intimidad.
Con la admiración de siempre.
Su amigo Raúl
Pablo20/09/2004
Señor Raúl, ¿No se da cuenta que el romanticismo no pasa por "ser caballero con una dama", sino por un millon de otras cosas? Regalar una flor es solamente eso, un regalo, una atención, un gesto dulce que bien podría regalarle usted a su padre o Scatizza al suyo, si así lo quisiera. No debería ser exclusivo de un "caballero" a una "dama", y si lo es, es por lo que dice su amigo, por que así lo impuso la sociedad machista en la que vivimos.
¿"Pondría usted a su esposa al arco en un picado barrial"?, pregunta Raúl. Ya en la palabra "poner" indica que ella no tendría decisión propia, y que otro tiene que decidir por ella. O sea, es otra expresión machista. Y digo yo, ¿Que tiene de malo si es buena haciéndolo? Si no lo hace debería ser porque a ella no le gusta, o porque no es buena arquera, o porque en esta sociedad no esta bien visto que las mujeres jueguen al fútbol.
Por último, ¿Cómo es eso de que la caballerosidad es para las mujeres educadas, femeninas y dulces? ¡¡¡¡Dios mío, eso es machismo puro!!!! ... Hacía rato que no leia una declaración tan obtusa como esa.
Anabela20/09/2004
Chicos:
Para poner a la mujer de Scatizza en el arco, primero habría que preguntarle qué opina ella de que se la mencione tanto en este foro. Y más como arquera.
Pablo (estoy hablando del forista, no de Scatizza) es bien intencionado, pero me parece que exagera un poco. Ninguna mujer se merece que no haya diferencia de pensamiento entre sexos, como tampoco se lo merece ningún hombre. Me parece un poco antinatural considerar que hombres y mujeres piensan de la misma manera.
La caballerosidad es una conducta, es cierto, y muchas veces es la más machista. Sobre todo cuando es el único ejercicio esporádico que realiza un hombre que cotidianamente no suele respetar a las mujeres. Es como esas señoras de la clase alta que ponen plata para la colecta +x- de Cáritas y con una sola vez al año que hacen un "acto de caridad" ya alcanza para todo el año. En cambio tenemos cientos de militantes sociales que hacen lo mismo (procurar comida, ropa y algo de plata para los carenciados), pero lo hacen durante todo el año, semana a semana. ¿El signo es el mismo? Me parece que no.
Salvando la distancia, la caballerosidad me parece un acto de gentileza en sí mismo. Y repito, el signo final que posea depende del salame que lo practique para quedar como un duque solo por él o del gentil que lo tenga como preferencia de vida y le salga pro los poros.
He dicho
Abrazos a todos
Anabela
Pablo E07/08/2009
Señor Pablo Scatizza y Pablo comentarista, que quizás sean la misma persona pero quizás no.
No los conozco, pero llegué a este blog buscando justamente si en el mundo había alguien más que pensara como yo y me alegro al ver que sí. Quisiera darle un abrazo, pero la internet por ahora no lo permite.
Le confieso que me asombra ver la cantidad de gente que considera nuestra actitud como egoísta y no la reconoce como lo que en verdad pretende ser: la más pura aceptación de la igualdad entre hombres y mujeres.
El trato preferencial según género no es otra cosa que discriminación positiva, que como usted ha sabido escribir, connota reconocimiento de debilidad.
Sin más, le dejo un saludo.
Pablo Scatizza10/08/2009
Estimado Pablo E, recibo y devuelvo ese abrazo a través del ciberespacio. El culpable de este gran blog, amigo del alma si lo hay, me sugirió que de vez en cuando entrara a ver qué decían lectores y lectoras de las notas que había escrito. Lo hice finalmente y me encontré con estas opiniones. Interesantes, todas.
Escribí este artículo hace tiempo -por lo que leo se ve que estaba bastante irritado-, pero no he cambiado de opinión. Espero igualmente que Raúl, cuyos recuerdos comparto no sin nostalgia, pueda entender. Es un problema el que histórica y culturalmente estemos atravesados por prácticas patriarcales, heterosexistas y heteronormativas que nos imponen llevar a cabo ciertas acciones como "correctas", ocultando tras ellas una concreta discriminación. Por eso prefiero hablar de cordialidad, sea el sujeto destinatario un hombre, una mujer, una travesti, un/a transexual, un gay, una lesbiana, un/a bisexual, un/a niño/a, un/a viejo/a....
En fin, gracias por los aportes. Ah, y no se preocupen: "mi mujer", que no es "mía" sino de ella misma, o sea, la mujer que es mi pareja, no juega al fútbol, pero les aseguro que sabe mucho más que yo al respecto, y no se pierde un sólo partido. Igualmente, como dice Anabel, habría que preguntarle a ella si en tal caso no quiere jugar...
Un saludo
Tábanos molestando
Señor don Pablo Scatizza:
Tantos lindos recuerdos me arriman a su persona, clases de álgebra y lógica, barsito de la Facultad, exhibiciones de gimnasia donde yo era uno de los que decía "ese que da vueltas en el aire es mi amigo", recitales de Bufón del Rey compartir sueños como la Scatizza Oíl Company, etc., innumerable situaciones que la vida me regalo al lado suyo... y ahora el disgusto me abrazó: he leído su comentario sobre la caballerosidad.
Amigo, ¿cómo es esto de relacionar la igualdad de condiciones con la virtud mas romántica hacia las mujeres que es la de ser un caballero?, ¿o acaso Ud. le regala Flores a su padre para al día del Padre? O mejor aun, ¿la pondría a su esposa de arquera en el picado barrial? No mi amigo, son terrenos diferentes, la igualdad de condiciones hágaselo notar en otros aspectos de la vida, no en un colectivo... dios mio si se entera mi madre que siempre dice "¿Qué es de la vida de ese chico tan bueno amigo tuyo de la facultad...?"
La caballerosidad a mi humilde entender, son normas escritas en el aire donde solo las cumplen hombres considerados, cordiales y solidarios (como Ud. mi amigo) y son recibidas por mujeres educadas, femeninas y dulces que se dejan -inconscientemente-apañar bajo la ternura de un buen gesto, es ese ida y vuelta donde el hombre homenajea y la mujer agradece, no se trata de superioridad ni inferioridad, se trata de consideración y piropo. Por supuesto que tanto existe la caballerosidad como la Damasidad, palabra que acabo de inventar, porque la dama que recibe tal gesto debe saber devolverlo y en eso consiste el recién creado termino, demás esta pensar que la devolución tiene que ser una demostración efusiva y lívida, no, solo una sonrisa y un gracias le pone un broche de oro a ese momento donde hasta los espectadores se llenan de buenos sentimientos.
La Caballerosidad, y como Ud. bien dice, abarca la relación entre hombres también y aunque uno sabe que todo es distinto, dejar pasar a un hombre cuando ambos tratan de entrar a un banco, habla muy bien de quien ceda el paso y seguramente recibirá por lo menos un "muy amable".
Amigo, muchas veces lo he leído y con su sabiduría me ha hecho re-pensar ciertas cosas, no aspiro a tal consideración pero a modo de caballerosidad, píenselo en su intimidad.
Con la admiración de siempre.
Su amigo Raúl
Señor Raúl, ¿No se da cuenta que el romanticismo no pasa por "ser caballero con una dama", sino por un millon de otras cosas? Regalar una flor es solamente eso, un regalo, una atención, un gesto dulce que bien podría regalarle usted a su padre o Scatizza al suyo, si así lo quisiera. No debería ser exclusivo de un "caballero" a una "dama", y si lo es, es por lo que dice su amigo, por que así lo impuso la sociedad machista en la que vivimos.
¿"Pondría usted a su esposa al arco en un picado barrial"?, pregunta Raúl. Ya en la palabra "poner" indica que ella no tendría decisión propia, y que otro tiene que decidir por ella. O sea, es otra expresión machista. Y digo yo, ¿Que tiene de malo si es buena haciéndolo? Si no lo hace debería ser porque a ella no le gusta, o porque no es buena arquera, o porque en esta sociedad no esta bien visto que las mujeres jueguen al fútbol.
Por último, ¿Cómo es eso de que la caballerosidad es para las mujeres educadas, femeninas y dulces? ¡¡¡¡Dios mío, eso es machismo puro!!!! ... Hacía rato que no leia una declaración tan obtusa como esa.
Chicos:
Para poner a la mujer de Scatizza en el arco, primero habría que preguntarle qué opina ella de que se la mencione tanto en este foro. Y más como arquera.
Pablo (estoy hablando del forista, no de Scatizza) es bien intencionado, pero me parece que exagera un poco. Ninguna mujer se merece que no haya diferencia de pensamiento entre sexos, como tampoco se lo merece ningún hombre. Me parece un poco antinatural considerar que hombres y mujeres piensan de la misma manera.
La caballerosidad es una conducta, es cierto, y muchas veces es la más machista. Sobre todo cuando es el único ejercicio esporádico que realiza un hombre que cotidianamente no suele respetar a las mujeres. Es como esas señoras de la clase alta que ponen plata para la colecta +x- de Cáritas y con una sola vez al año que hacen un "acto de caridad" ya alcanza para todo el año. En cambio tenemos cientos de militantes sociales que hacen lo mismo (procurar comida, ropa y algo de plata para los carenciados), pero lo hacen durante todo el año, semana a semana. ¿El signo es el mismo? Me parece que no.
Salvando la distancia, la caballerosidad me parece un acto de gentileza en sí mismo. Y repito, el signo final que posea depende del salame que lo practique para quedar como un duque solo por él o del gentil que lo tenga como preferencia de vida y le salga pro los poros.
He dicho
Abrazos a todos
Anabela
Señor Pablo Scatizza y Pablo comentarista, que quizás sean la misma persona pero quizás no.
No los conozco, pero llegué a este blog buscando justamente si en el mundo había alguien más que pensara como yo y me alegro al ver que sí. Quisiera darle un abrazo, pero la internet por ahora no lo permite.
Le confieso que me asombra ver la cantidad de gente que considera nuestra actitud como egoísta y no la reconoce como lo que en verdad pretende ser: la más pura aceptación de la igualdad entre hombres y mujeres.
El trato preferencial según género no es otra cosa que discriminación positiva, que como usted ha sabido escribir, connota reconocimiento de debilidad.
Sin más, le dejo un saludo.
Estimado Pablo E, recibo y devuelvo ese abrazo a través del ciberespacio. El culpable de este gran blog, amigo del alma si lo hay, me sugirió que de vez en cuando entrara a ver qué decían lectores y lectoras de las notas que había escrito. Lo hice finalmente y me encontré con estas opiniones. Interesantes, todas.
Escribí este artículo hace tiempo -por lo que leo se ve que estaba bastante irritado-, pero no he cambiado de opinión. Espero igualmente que Raúl, cuyos recuerdos comparto no sin nostalgia, pueda entender. Es un problema el que histórica y culturalmente estemos atravesados por prácticas patriarcales, heterosexistas y heteronormativas que nos imponen llevar a cabo ciertas acciones como "correctas", ocultando tras ellas una concreta discriminación. Por eso prefiero hablar de cordialidad, sea el sujeto destinatario un hombre, una mujer, una travesti, un/a transexual, un gay, una lesbiana, un/a bisexual, un/a niño/a, un/a viejo/a....
En fin, gracias por los aportes. Ah, y no se preocupen: "mi mujer", que no es "mía" sino de ella misma, o sea, la mujer que es mi pareja, no juega al fútbol, pero les aseguro que sabe mucho más que yo al respecto, y no se pierde un sólo partido. Igualmente, como dice Anabel, habría que preguntarle a ella si en tal caso no quiere jugar...
Un saludo