
¿Quién es este tipo? Miren la foto, ¿lo ubican? ¿Qué hace?, ¿a que se dedica? ¿Es él?, ¿por qué está en esta sección?. Pues qué están esperando: ¡pasen y vean!.
efecto tabano
Cuando un tábano pregunta, otro responde. Esta es nuestra sección íntegramente dedicada a las entrevistas.

¿Quién es este tipo? Miren la foto, ¿lo ubican? ¿Qué hace?, ¿a que se dedica? ¿Es él?, ¿por qué está en esta sección?. Pues qué están esperando: ¡pasen y vean!.

Si vivís en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, mirá bien la foto que está acá arriba. ¿Lo reconocés?
Dale, hace un esfuerzito. Imaginá que está en un estudio de televisión, sentado al lado de una mujer. Y no solo en el estudio. También imaginátelo detrás de una mesa, en un bar; o de costado, con un mostrador de telón de fondo. Imaginátelo en una biblioteca, en la calle. Ponelo en la pantalla de tu mente al menos en una docena de escenarios.
Sí, él era “el tipo ese” que salía en la tele, en el programa “El señalador” (junto a Cecilia Boggio, por el Canal 10 de Roca), un ciclo que fue referente de la televisión cultural en este querido valle de frutas, petróleo, ríos, casas de cantonera, subocupación y barrios cerrados.
Su nombre es Raúl Argemí.
Hace unos días le escribí una serie de mails para entrevistarlo y en ninguno me animé a preguntarle si es más periodista que escritor, o viceversa ("esas preguntas no se hacen", suelen decir... no se si no se hacen, pero yo no me animé). Ahora te digo que si lees sus trabajos literarios, la respuesta es clara y está allí, sobrevolándolo todo.
Hace algunos años se fue a vivir a Cataluña. La distancia que separa ambas regiones -la suya y la nuestra- es gruesa. Un mail puede ser una excelente vía de comunicación, pero igual -y disculpen que insista con esto- no supe bien como preguntarle si él era la persona que escribe por sobre todo, o no.
¿Parece este un cuestionamiento pueril? Sí, ¿no? Pero les juro que conozco a muchos escritores que se sienten tan orgullosos de la tarea que les tocó en vida, que terminan anteponiendo su profesión a todo. No es vanidad, es casi un designio. Y si es vanidad es cándida, casi diríase necesaria.
Ayudándome a definir a Argemí, una de sus últimas compañeras de trabajo en Argentina me decía que “(...) tuvo que llegar al extremo de encerrarse solo a escribir en una casa. Se metía tanto en la historia, que se convertía en sus personajes canallas. Y no lo bancaban ni la hija ni la mujer”. ¿Qué tal?
Como periodista también trabajó en el diario Río Negro. Hasta que no trabajó más. Lo echaron. La leyenda que circula por entre las paredes del laberinto profesional de los periodistas del Alto Valle dice que el despido fue tras publicar “El flaco, el francés y el Ratón Pérez”, una novela en la que entre los protagónicos aparece un personaje que es patrón, millonario, casado con su telefonista, dueño de un zoológico privado... ¿podría estar basado en el dueño del diario?
Dicen que fue afuera del diario donde la idea de escribir compulsivamente ganó espacio en sus días. Por lo que cuenta su entorno valletano, es muy probable que Argemí no sea un escritor, sino más bien un exorcista de historias.

Como escritor, Argemí ha de estar contento. Actualmente hay una pila de libros suyos editados en España. El más fresco de todos es “Penúltimo nombre de guerra”, una novela policial en la que el entrecruce de géneros es notable, por momentos atrevido. Es policial, sí, pero también es una novela que testimonia este lugar en pedazos de cristales sociales. Hay un pantallazo a la vida rural en la cordillera, y también hay semblanzas de la vida al palo que tienen los que son “del palo” en nuestras pequeñas ciudades patagónicas. Hay policías muy reales, periodistas que sueñan con “la nota” (esa que les permita no laburar más en su vida, ¿no?). Y para rematar hay un desarrollo hasta ahora insólito en la novela policial argenta (por más que el mismísimo Argemí cite a Rodolfo Walsh como antecedente, aquí mismo, en esta entrevista): semblanzas de la represión acaecida aquí en Argentina durante la última dictadura militar.
El resultado es sorprendente. Con pericia Argemí construye una historia que es tan onírica como realista, absolutamente jaqueante para el lector, que no puede llegar a terminar de dilucidar dónde es que termina la literaturidad y comienza el testimonio.
El dice que elige este estilo de contar las cosas porque no quiere perderse “en ensoñaciones tipo diván sicoanalítico”, pero -juntando biografía del autor y obra-, si sabés que que Argemí fue un preso político durante casi una década en aquellos años de mierda de este país, inmediatamente se agrega un plus de admiración al relato. Pero, ¡ojo!: si no lo sabés, igual flipás.
Periodista: Leer una novela policial tan de género como “Penúltimo nombre de guerra”, en la que intervienen marcas fuertes sobre la historia argentina en años de dictadura, es realmente sorprendente y fuerte. A priori uno supone que la distancia (vivir en España, claro) puede que te haya ayudado a escribir sobre una situación tan dura de nuestra historia dentro de un género bastante atípico para hacerlo.
Sin más vueltas: se me ocurre que escribiéndola en Argentina hubieses sentido una suerte de presión extra por la temática relacionada con el proceso, y que vivir lejos te puede haber ayudado mucho a dejarla tal como quedó, fluida y concreta. ¿Le estoy errando mucho?
{{ *Raúl Argemí: Mirá, yo siempre quise, y quiero, escribir sobre el mismo tema: nosotros. Más, creo que no puedo escribir sobre otro tema. No soy el único, eso está claro; hay muchos libros de testimonios, muchos de investigación y pocos de ficción. Y la cosa está en que yo creo que la ficción, por la posibilidad de meterse “dentro” de los personajes, es mucho más reveladora.
En cuanto a escribir desde el “género negro”, hay mucho para discutir. Sobre todo porque nadie se pone de acuerdo en qué pito es el famoso “género negro”. Hay quien sostiene que yo no hago “novela negra”, y me alegra mucho, porque no creo en los géneros. Son un invento de los editores y yo no tengo por qué bailar su música. Cada historia exige una forma de contarla, y hay que escuchar la voz de la historia: Una vez será una sinfonía, y otras será un tanguito o un rock and roll, ella decide.
Es cierto que como no me gusta perderme en ensoñaciones tipo diván sicoanalítico me inclino por una estructura neo policial. Exige contar desde los hechos y que los personajes se descubran ante el lector desde sus acciones.
Y cuando hablamos de personas en acción, es ineludible el trasfondo social que condiciona y crea a esas personas. Así que en ese formato me siento mucho más cómodo. Parodiando el axioma de que “la guerra es la política por otros medios”, podría decir que ciertas novelas son “el periodismo por otros medios”.
Lo que decís de la distancia es cierto, en varios sentidos. Sobre todo la distancia en lo afectivo. Uno tiene que despegarse de lo afectivo inmediato para contar ciertas historias. A veces ayuda la distancia, a veces el tiempo, y a veces resulta imposible.
“Penúltimo nombre de guerra” comencé a escribirla cuando vivía en Gneral Roca. Y tardé un montón de años en cerrarla. Básicamente porque desde el inicio supe que me había metido en un lío serio: no tenía el oficio necesario para hacerla realidad. Cuando me fui de Argentina estaba escrita casi en su totalidad, pero algo esencial faltaba. Recién en Barcelona descubrí ese punto de vista y pude rescribirla en su versión final.
Si cuando estaba allá sentía o no la presión del medio... ¿qué querés que te diga? ¿Vos vivís al margen de tu realidad? Si conocés a alguien que pueda, mostrámelo, así te puedo señalar un loco o un estúpido.
Lo que es redondamente cierto es que podría haberla escrito en Argentina, pero nunca me la hubieran publicado.* }}
P.: Qué visión tiene tu entorno más cercano en Europa sobre los setenta en América Latina, difiere mucho de las lecturas que hacemos por aquí?
{{ R.A.: Entre los viejos amigos que tengo por acá hay de todo. Hay quién se recicló de guerrillero en vegetariano u orientalista, y quien piensa, como dijo Perón, que no es que fuéramos buenos, sino que los que vinieron después fueron peores. En cuanto a la visión “europea”, también hay de todo. España no es Suecia, y Cataluña no es España. }}
P.: “Penúltimo..." tiene muchos giros idiomáticos argentinos. (¡Algunos super patagónicos!), ¿tus editores en España ponen el grito en el cielo cuando lo detectan o se da el caso de que estos giros son una suerte de condimento extra buscado por quienes editan allí?
{{ *R: Yo no tengo otro idioma y no quiero disfrazarme de españolito, así que escribo como puedo. Cuando aparece algún ortodoxo lo chicaneo fiero, y listo. Suelo decirles que yo no hablo ni escribo en eso que ellos llaman “español”, sino en un castellano sureño, muy sureño. Y que donde los españolistas escriben “beacon” y leen “béicon”, nosotros decimos panceta. Y que cuando ellos “aparcan” en el “parking” nosotros estacionamos en el estacionamiento. Es suficiente para que se dejen de jorobar con la paternidad del idioma.
¿Sabés qué pasa? España está plagada de filólogos. Tanto como Argentina de sicólogos. Y lo cierto es que ni ellos hablan bien, ni nosotros estamos menos locos.
Hace poco fui a recibir un premio a La Mancha, por “Patagonia Chú Chú”, una novela que se editará el año que viene. Una funcionaria me preguntó si la palabra “tenés” estaba aceptada por nuestra Academia; lo que me dio risa. Claro, no conciben que no tengamos Academia del Idioma, cuando acá hay como doscientas. Porque aunque vos creas que la única es la Real Academia, también las hay en La Mancha, Extremadura, Cantabria, etc, etc, etc, y siempre ocupadas por momias que curran de posar para el bronce, y cobran un sueldo hasta que se mueren. Ellos, y los filólogos, leen y escriben consultando el diccionario, que, como corresponde, atrasa varios años respecto de la lengua viva.
En lo que hace a mis editores, no me puedo quejar. Nunca zapatearon ni me tocaron una palabra. Si eso tiene que ver con que les resulta buen negocio el exotismo, o que están hasta el jopo de escritores españoles desabridos, te lo podría contestar si me entrevistaras como lector; pero este no es el caso.* }}
P.: Aunque nunca se abandona el tono ficcional (la literaturidad pura) en toda la novela, la irrupción de elementos concretos del mecanismo de represión montado en los setenta que aparecen en la trama parecen ser casi testimoniales, un documento verídico. ¿Vos concebiste esta novela desde antes de arrancarla como la que podía llegar a abrir las puertas para poder volcar definitivamente estos testimonios? Es decir, ¿pensabas mucho en sacar para afuera estos conceptos tan relacionados a la dictadura? ¿fueron eje o simplemente decidiste que sean un elemento más de la trama?
*R.A.: Cuando se publicó “Penúltimo nombre de guerra” un lector español me preguntó si era cierto un pasaje, que le parecía muy fuerte. Se refería al momento en que el policía dice que durante el mundial del 78 los desaparecidos del “chupadero” vivaban los goles de Argentina. Una semana después, en un informe sobre esa época que se vio por televisión, un ex “chupado” testimoniaba lo mismo. Yo no invento la realidad, la realidad me inventa a mí; a nosotros. Lo peligroso es que la vida puede ser increíble, pero la escritura no. Por eso hay hechos que no los puede contar ni el mejor escritor de este mundo, no hay forma de que sean creíbles.
Vos fijate, si no, como nace “Penúltimo nombre de guerra” y en que termina.
Por un lado, que en la cárcel conocí a un chorro que se hizo pasar por político para zafar. Claro, hizo mal negocio, y se comió ocho años adentro. El tipo convivió con presos políticos un montón de años, hasta que se pasó al “servicio de buchones” que se armó después del golpe de Videla.
El tipo era una suerte de camaleón de personalidades. Hablaba con vos un par de veces y después engrupía a otros diciendo que era periodista. Hablaba con un médico, y luego otros le creían que era médico. Se apropiaba de tal manera de las historias, las palabras y los gestos, que no sólo convencía, hasta él creía que era lo que decía ser. Como un mal actor, que a veces no sabe si es Hamlet o Pepe Gutierrez.
Ya en el Alto Valle, un día salta un delincuente que, en Cipolletti, era falso médico y mercaba con pastillas para el parkinson, que se usaban como afrodisíacas. El mismo farsante pasaba por cura en una capilla medio abandonada, y se quedaba con las limosnas. Que yo sepa, nunca lo agarraron, pero se me conectó con el caso anterior.
El tercer elemento fue la masacre de Lonco Luán. Creo que fue en el '69 cuando mataron a varios para sacarles el demonio del cuerpo. El ideólogo de eso fue un infeliz influido por cierto pastor que una vez pasó por allí, y lo dejó solito interpretando la Biblia. No los condenaron porque se los consideró víctimas de la aculturalización. Ya no eran mapuches, ni eran nada. Nada que no fuera tierra fértil para cualquier identidad supletoria. Me enteré de esa historia cuando trabajaba en el diario.
Los tres hechos, que tienen por común la identidad, fueron mi base de partida, lo que resultó se llama “Penúltimo nombre de guerra”. Creo que cada uno da testimonio desde dónde puede. Si, de alguna manera, mis libros sirven para preservar la memoria, ya me puedo morir más o menos tranquilo.
En cuanto a que los hechos de esa época no se sepan con detalles, no estoy de acuerdo. Hay muchos libros de testimonio que lo cuentan, y hasta ficción, como “Recuerdos de la muerte”, de Miguel Bonasso. Si en mi novela los nombro como de pasada, más bien en categoría de fantasmas de la memoria, es porque creo que la ficción es más poderosa, compromete más al lector, que el testimonio, y pasarse de rosca conduce al “amarillismo” literario. Al menos, yo corro ese peligro, otros no sé.*

P.: Yo quisiera hablar un poco sobre “El gordo, el francés y el Ratón Pérez”, y quisiera que sepas que acá ese libro se ha convertido en una suerte de mito local que trasciende lo estrictamente literario. Se dice que en ese libro pintás a Julio Rajneri y que a él no le cayó para nada bien y te echaron del diario. Pero no lo dicen tus amigos: ¡lo dice todo el mundo!. ¿Tenés ganas de tocar ese tema? Y en caso de que no te guste demasiado abordarlo... ¿pues dame otro abordaje?
{{ *R.A.: ¿La verdad? Me tiene hasta las p... ese tema, paralelo a la novela en sí. Se me ocurre que los que están enojados con Rajneri podrían hacer algo más serio que chicanear con mi novela. A veces pienso que algunos ladran para que les tiren un cachito de la torta; y que otros actúan como el ratón que se burla del gato, escondido en su cueva. Pero, como diría el preclaro Pablo Verani en campaña política, “no le esquivo el culo a la jeringa”.
Es cierto que me echaron del diario, pero me vino al pelo. Ya había terminado mi ciclo hacía rato, y me iba de una manera u otra. Pero también es cierto que estoy muy agradecido por mi tiempo en el “Río Negro”, ahí me construí escritor. Aprendí a “desenamorarme” de las palabras bonitas, y que eran una herramienta, cuanto más pulida y afilada mejor. Aprendí también lo más importante, que la escritura no es una masturbación sino un diálogo, y que siempre hay un lector del otro lado. A veces intermediado por unas horas, entre la escritura y la salida del diario. A veces con unos cuantos años por el medio, cuando es un libro.
Además, por si esto fuera poco, me hizo enamorarme de la Patagonia. No de sus paisajes, que eso se lo dejo a los turistas, sino de su gente. Así que todo el cirquito ajeno a la novela me tiene sin cuidado, y me parece obtusamente pueblerino, por no decir un poquito cobarde.
Para que entiendas mi punto de vista te doy un par de datos.
En España tengo lectores que son fanáticos de “El Gordo, el Francés y el Ratón Pérez”, quizás porque lo encontraron en la única librería que lo tiene. Y esos lectores creen que la Patagonia está en Chile, además de ignorar olímpicamente la existencia del Alto Valle y sus personajes. En enero esa novela se edita en Francia en la colección de más venta, “Rivages Noir”. Su editor -para muchos “El Papa de la novela negra”- me la compró ajeno a todos los chusmeríos que vos mencionás. Supongo que para él se trata de una buena novela, con el Empresario Ambicioso, la Rubia Malvada, el Policía Corrupto, y el juego de muertes y traiciones propias del “género negro”.
Y más: hace poco hicimos, con un guionista de Barcelona, una adaptación para cine de esa novela. Transcurre en Cataluña, todos los personajes son españoles y sin embargo sobrevive magníficamente. Lo que demuestra que en todos lados se cuecen habas, y que creerse el dueño de las habas es una gilada.* }}
P.: ¿Existe la sensación de posible estabilidad profesional en España? A veces se me ocurre que es solo un mito de quienes miramos todo desde Latinoamérica y la situación es igual de inestable que acá (en términos de seguridad y continuidad).
{{ R.A.: Esto es igual que Latinoamérica, pero con red para los trapecistas. El imperialismo, ahora rebautizado “globalización”, es igual a sí mismo y no tiene fronteras. Los empresarios empujan en la misma dirección y el trabajo precario avanza a toda velocidad. España es líder europeo en precariedad laboral. La diferencia está en que la salud pública es gratuita y funciona; hasta para los inmigrantes ilegales. La educación pública es gratuita, funciona, y es obligatoria, hasta para los pibes sin papeles. Y se puede vivir dignamente, si no tenés pajaritos en la cabeza, con un montón de laburos que allá hacen los desahuciados y acá te pagan bastante bien. En ninguna parte -ni en Argentina, cuando emigraban los españoles, ni España ahora- se atan los perros con ristras de longanizas. }}

P.: A propósito, ¿vivís con intensidad el planteo de volverte?
{{ *R.A.: La verdad es que no me planteo ni volver ni quedarme. El tiempo dirá que hice, cuando lo haya hecho. Me fui de Argentina porque me harté de traidores y canallas, y me estaba poniendo violento. El chiste era, o es, que los traidores y los “canallitas” -para que suene cariñoso- no solo estaban en el gobierno, sino también en los cómplices que los votaban. Así que la cosa no tenía remedio, y me tomé el piro.
Acá soy extranjero, y quiero conservarme así. Ya te dije que salvo la red de contención, todo es igual, así que podés dar por seguro que también florecen los traidores y los canallitas. Solo que a mí me violentan menos que cuando son mis compañeros de remo los que agujerean el bote.
Por otro lado, como escritor me está yendo bien. Mucho mejor que todo lo que hubiera podido soñar en mi país; cuando, en realidad, nunca dejo de escribir “desde” mi país. Será porque, en el fondo, nunca me fui.
Tengo unos cuantos años, más de los que me gustaría, y quizás esta sea mi última pelea. O sea que cuando aflojo me digo aquella consigna de las manifestaciones, “ponga huevos compañero”, y salgo en busca del gol aunque me muelan a patadas las rodillas.
En resumen: Mi tiempo es hoy. El lugar que me toca es éste. Mañana será otro día.* }}
P.: Vuelvo sobre “Penúltimo..." ¿querés editarla al sur?, ¿es una idea que siempre ronda en tu cabeza cada vez que sacás algo allá?
{{ *R.A.: Alguien dijo que uno puede ser un genio mundial, pero si no gana en su barrio le falta algo importante. Por supuesto que me gustaría se editado en Argentina. Hasta Cortazar se moría porque lo editaran en su país. La dificultad está en que no parece haber interés y que, por otra parte, están los intermediarios. Por un lado mi representante, que se lleva el diez por ciento de lo que gano, y por otro la editorial, que es dueña de mis novelas, y no las larga regaladas.
Para las mentes angelicales puede ser sórdido, pero un libro -el objeto libro- es una mercancía como el pochoclo. Y las editoriales compran y venden pochoclo. Y el porcentaje sobre la venta del pochoclo me da de comer a mí, que pienso que comer es muy sano.
Por ahora me pagan el puchero los españoles, y algún alemán, francés, yanqui o australiano que compra por correo. Tal vez, si me va bien en Francia -como somos unos giles que pensamos que el que gana en París es Gardel- alguna editorial de la patria repare en este fulano.* }}

P.: Contanos un poco acerca de tus últimos trabajos en España
{{ *R.A.: Si te referís al trabajo cotidiano, la cosa es cortita. Trabajo de peón de montaje en un catering. Hacemos el trabajo pesado de cargar y descargar camiones llenos de mesas, cubiertos, platos y toda la parafernalia necesaria, para luego montar un banquete, casamiento, carreras de “Fórmula 1”, convenciones, etc, etc, etc. Cansa, pero me deja la cabeza invicta. Al menos la parte de adentro, porque hace poco en el laburo me cayó una vigueta de cemento en la cabeza y me tuvieron que dar cinco puntos de sutura.
En cuanto a lo otro, veamos. Todavía está en la librerías “Los muertos siempre pierden los zapatos”, que salió a la venta en el 2003. Del mismo año es “Negra y criminal”, novela escrita en colaboración con otros once escritores, todos españoles menos un yanqui que vive en Barcelona.
“Penúltimo nombre de guerra” salió este año y está caminando bien. Ya hicimos presentación promocional en Barcelona, Sevilla, Gijón y Madrid, y me queda para estos días Oviedo -Asturias- y Bilbao, en el país vasco. Como es de la misma editorial, “Penúltimo...” también vende “Los muertos...” y viceversa.
En julio, con motivo de la “Semana Negra” de Gijón, incluyeron un relato mío en un libro colectivo titulado “Compañero Leonardo”. El tema central era Leonardo DaVinci.
Ahora estoy trabajando en un relato que me pidieron para una colección nueva. Cada libro tendrá cinco relatos y se va a vender en España y toda Latinoamérica.
Paralelamente trabajo en dos novelas. Una que comenzó hace muchos años en Roca y otra nueva. Adivinaste, los personajes son argentinos, y también las geografías. No me animo a escribir personajes españoles. Todavía no sé por qué hablan como hablan, cual es su mecanismo interno. Y cuando lo intento me salen argentinos que imitan a los españoles.* }}

Argemí también nos mandó alguna data a la que él llamo "datos al margen", pinceladas de cosas que definen su carrera. Según Raúl, este es un "recuento de partidos ganados, de los otros mejor no acordarse".
*()* “El Gordo, el Francés y el Ratón Pérez”, novela editada por Catálogos (1996), próxima a salir en Francia en “Rivages Noir”*.
*()* “Los muertos siempre pierden los zapatos”, premio de novela “Felipe Trigo”* 2001, de Villanueva de la Serena (Extremadura), otorgado por unanimidad del jurado. 18.000 euros en efectivo y edición, por Algaida, en diciembre del 2002 y puesto a la venta en el 2003.
*()* “Penúltimo nombre de guerra”, premio internacional de novela “Luis Berenguer”* 2003, de San Fernando de Cádiz (Andalucía), otorgado por unanimidad del jurado. 24.000 euros en efectivo y edición por Algaida. Puesto a la venta en el 2004.
*()* “Patagonia Chú Chú”, premio internacional de novela “Francisco García Pavón”* 2004, de Tomelloso, La Mancha, otorgado por unanimidad del jurado. 6.000 euros en efectivo y edición por Algaida. Saldrá en abril del 2005.
Argemí nos aclara: "Algaida, sello de Editorial Anaya/ Hachette, se dedica a editar los premios que convocan distintas entidades o ayuntamientos en toda España. En mi barrio, cuando queríamos bajar del caballo a alguien, le espetábamos, “¡A quién le ganaste, vos!”. Eso me lo pregunto cada vez que gano un premio. Es probable que los otros fueran, sencillamente, horribles.)"

“Entre la puerta y la pared”, relato publicado en la revista “R de reel”, de París, traducido al francés por los editores/ 2003.
“El Loco se gana el pozo”, relato finalista del concurso de “Relatos Policiales Ateneo Obrero de Gijón”, en 2002. 150 euros de premio y publicación en “A quemarropa”, órgano diario de la “Semana Negra” de Gijón, 2002.
“Los muertos siempre pierden los zapatos” fue finalista, en el 2003, del Premio Dashiell Hammett, a la mejor novela negra escrita en castellano, y publicada el año anterior. Ese premio lo otorga la Asociación Internacional de Escritores Policíacos, de habla castellana. Los escritores proponen a los finalistas.
También en el 2003 fue finalista del premio Novelpol, asociación de web dedicadas al género negro, donde proponen y votan los lectores.
“Una filosa daga venesiana”, relato publicado en “Compañero Leonardo”, libro colectivo editado por Proyecto Pepsi/ Semana Negra en el 2004.
También fue jurado de los premios de novela: “Felipe Trigo” (Villanueva de la Serena, Extremadura), 2002; “Premio Internacional de Novela Centro Asturiano” de Oviedo, 2003; y premio internacional de novela negra “Umbriel/Semana Negra” (Gijón), 2003.
Participé en ponencias, debates y presentaciones de libros propios y ajenos en las ediciones 2002/ 2003 y 2004 de la “Semana Negra” de Gijón.
Actualmente coordina un taller de lectura de novela negra latinoamericana titulado “Crimen con sabor latino”, en la librería “Negra y Criminal” de Barcelona.
Los retratos publicados en esta entrevista pertenecen al fotógrafo Ronald Michael Stallard
Tábanos molestando
:gafas impresionante chabón!
en nuestro sitio amigo el forista Rossi se me encula cuando no doy una opinion con palabras mias, y lleno de bastardillas con citas de por ahi. Poco me importa. :contento
mi fuente de inspiracion, es el sitio altamente recomendable de Hernán Casciari, otro argentino que pisa fuerte en suelo barcelonés.
<quote>yo no tengo otro idioma y no quiero disfrazarme de españolito, así que escribo como puedo. Cuando aparece algún ortodoxo lo chicaneo fiero, y listo. Suelo decirles que yo no hablo ni escribo en eso que ellos llaman “español”, sino en un castellano sureño, muy sureño. Y que donde los españolistas escriben “beacon” y leen “béicon”, nosotros decimos panceta. Y que cuando ellos “aparcan” en el “parking” nosotros estacionamos en el estacionamiento. Es suficiente para que se dejen de jorobar con la paternidad del idioma.</quote>
Hernán, en el articulo La gramatica necesita vacaciones dice:
<quote>
*"La gramatica debe adaptarse a nuestras necesidades, y no nosotros a ella".
(...)
Éste es un idioma gigante que hablamos, leemos y escribimos cuatrocientos millones de personas a la vez. Y lo hacemos gustosos, a pesar de las barreras anacrónicas que nos ponen unos sabios —de rancia sabiduría— que sólo acceden a hablar entre ellos y no con nosotros, que van por la vieja vereda del mundo porque tienen miedo a los atracos, anotando todo en libretitas y negando un futuro que terminará por aplastarles el peluquín. *</quote>
tin. documento 785.
ah? qué, no hay premio acá?
me parece un librazo el frances.....
maestro un texto de primera ,
UN ABRAZO
Felicitaciones por la nota.
Acabo de leer Patagonia Chu Chu y me encantó. Soy argentino en España y me gustaría mandarle un mail a Argemí.
Le podrán pedir autorización para informarme su dirección de correo electrónico?
Muy agradecido.
Juan
orillero@hotmail.com
Me interesa comunicarme con Raúl Argemi (sopeto), es una larga historia que data de la dictadura. Necesito que me faciliten su mail.Muchas gracias
Asunto: [Ashtar] por la defensa del agua y la tierra...compartir
Empresario televisivo busca desalojar a familias mapuches.
Marcelo Tinelli,
conductor-empresario televisivo que compró miles de hectáreas en la
provincia sureña de Chubut, Argentina
necesita desalojar 30 familias mapuches (se refiere a nativos del lugar, desecendientes de antiguos indios mapuches)
para
construir un megaproyecto turístico.
Moira Millán, integrante de la Comunidad Pillán Mahuiza y del Frente
de
Lucha Mapuche y Campesino
en el marco de la lucha por la defensa del
agua
y
la tierra aseguró a radio Universidad Nacional de Cuyo,
que le dicen no a
cualquier megaproyecto
que pretenda "arrasar con nuestro entorno a
cualquier
precio"
.
La dirigencia indígena, denunció que el megaproyecto turístico que
pretende
construir Marcelo Tinelli por sobre la vivienda de treinta familias
mapuches,
casualmente lleva el nombre mapuche: Trafipan 2000,cuando
necesitan de su desalojo.
Fuente: Nota telefónica con Radio Universidad Nacional de Cuyo
Es imposible conseguier en Argentina: "Los muertos siempre pierden los zapatos" y demás libros de Raul Argemi.
Es una pena que nos este vedado uno de los más importantes herederos de Rodolfo Walsh..
Horacio Palma para Argentinos por la Memoria Completa
"La muerte no importa. Pero que sirva para algo "
HERMES QUIJADA Y JORGE QUIROGA: IN MEMORIAM
Mírelo fijo a los ojos.
Nació en La Plata a mediados de los 40, y ahora vive en Cataluña.
Emigró después de cobrar una buena indemnización del estado. Ha
ganado en España y Alemania varios premios con sus novelas negras en
las que una y otra vez "rememora su odisea en los campos de
exterminio de la dictadura argentina", y en las que describe con
extraordinaria realidad, oscuros asesinos de sangre fría.
Los críticos literarios suelen decir de él: "se nota que la ha
vivido". Y tienen razón.
Pero hay cosas de él que los críticos gustan esconder con eufemismos,
como si la sinceridad cruel de la verdad completa les apretara la
conciencia profunda, esa que nos grita desde bien adentro lo que está
mal, aunque intentemos ahogar su grito.
Esto dice sobre él una crónica española reciente: "Con poco más de
veinte años, siendo todavía un joven estudiante, actor y autor
dramático, Argemí inició su lucha contra la dictadura argentina, lo
que le llevó a la cárcel en 1974. Estuvo preso diez años, dos de los
cuáles los pasó en los pabellones de la muerte. Vinculado desde muy
joven al mundo del teatro, al recuperar la libertad entró de lleno en
el mundo de la prensa y la cultura. Rotas las esperanzas y ante la
perspectiva de un país a la deriva y sin futuro, en 1999 se vino con
su hija a España. Y dice Si hay que volver y morir, se vuelve. La
muerte no importa. Pero que sirva para algo. Me fui de Argentina
porque me estaba poniendo violento".
¿No es conmovedor? Un idealista talentoso, miembro de una generación
romántica que quiso cambiar la argentina combatiendo a la dictadura...
¡casi un cuento de hadas! Pero yo le voy a contar lo que nunca le
contarán sobre él, y desenmascarar así su mentira.
A las dos y media de la tarde de un 28 de abril de 1.974, Argemí
venía en moto con Marino Amador Fernández por las calles frenéticas
del centro de Buenos Aires. Desandaban la calle Viamonte esquivando
gente y autos. En la esquina de Montevideo casi chocan contra el
autode un juez, que les tomó la patente. Tal vez iban distraídos
pensando en los datos que les había cantado, bajo tortura, el Dr.
Carlos Alberto Bianco, al que tenían secuestrado desde hacía varios
días. La moto hizo una maniobra extraña y frenó justo en el 1.506 de
Viamonte. Desde calle Paraná venía cruzando, puntual, Jorge Vicente
Quiroga. Él también iba aquella tarde al 1.506 de Viamonte. Iba a
visitar a su amigo Rébori. Marino Amador Fernández y Raúl Artemí lo
sabían perfectamente. Lo dejaron pasar, y entonces Artemí o
Fernández, o los dos, se bajaron de la moto, sacaron sus metralletas
Halcón como por arte de magia, y le metieron 14 balazos a quemarropa...
con esos balazos el ERP intentaba vengar a sus camaradas enjuiciados
por Quiroga. Si bien Cámpora los había indultado a todos, ya se sabe
cómo es de venenosa la venganza en la sangre resentida de los hijos
de puta.
Quiroga cayó en agonía, ellos subieron a la moto y salieron a toda
velocidad mientras la gente huía despavorida. Quiroga agoniza y se
desangra en la vereda, y agonizará dos horas más en el hospital
Rawson antes de convertirse en mártir de la justicia argentina. El
testigo del auto frena, y le pasa a la policía la patente de la moto...
y con ese dato, la policía de Perón llegó en pocas semanas hasta la
calle Fragata Sarmiento 1071 en Ramos Mejía. Allí encontraron un
rastrojero robado preparado con una bomba de 3 kilos de trotyl, un
indicador eléctrico mecánico de activación, una ametralladora Halcón
cargada, una falsificadora de credenciales, papeles del ERP, miles de
proyectiles y un cuaderno con los datos de un funcionario judicial
secuestrado: el Dr. Bianco. Conclusión: Argemí, Violeta Ana Moratto y
Fernández, fueron acusados por el homicidio del ex juez Quiroga, por
tenencia de armas de guerra y de explosivos, acopio de municiones,
asociación ilícita calificada y uso de documentos falsos en concurso
real. Y se les sumó luego la sentencia por el homicidio de Quijada,
total: 25 años. Pero por distintas amnistías y reducciones de penas,
salieron todos el 15 de agosto de 1.984. La causa pasó por varios
juzgados y durante los diez años que estuvieron detenidos cumpliendo
la sentencia, fueron defendidos por el Dr. Broquen. Todas las
garantías. Todas ¡Vaya campo de exterminio más extraño!
Pero ya que en esta historia se nombró al contralmirante Hermes
Quijada, diré que el 30 de abril de 1973, en pleno centro de Buenos
Aires, un guerrillero del ERP, Víctor Fernández Palmeiro, español de
24 años, lo asesinó fríamente. Las semejanzas entre los dos
asesinatos son notables. La revista "Liberación por la Patria
Socialista" en su Nro. 19, de 1974, órgano de prensa del ERP-PRT,
narró así el asesinato de Hermes Quijada:"TRELEW: LA IDEA FIJA. Lunes
30 de abril de 1973. A las 9 hs. el chofer está con el auto listo. A
las 9,10 hs., Quijada sube y salen. En Junín doblan a la izquierda en
dirección a Santa Fe, pero esta vez la moto ha recibido la señal
correcta y ya está arriba de ella los que vengarán a los muertos de
Trelew. Con el Gallego habíamos decidido que el momento de inicio de
la operación lo determinaría que se detuviera el coche de Quijada,
que quedara en posición como para que nos metiéramos por el costado
derecho y que tuviéramos espacio para seguir después con la moto.
Apenas pasamos Santa Fe por Junín, nos pusimos cerca. En Córdoba los
semáforos lo pararon, pero el Dodge quedó en el medio de otros dos
coches. Esperamos. En Corrientes pasamos con luz verde y había dos
motos de la policía detenidas. En Sarmiento lo agarró el semáforo.
Acá, dijo el Gallego. 9,15 hs., la moto se acerca por detrás al Dodge
blancoque está detenido sobre Junín a 15 metros de la esquina,
disminuye su velocidad y el Gallego salta empuñando una
ametralladora. La moto pasa por el costado derecho del coche y frena
unos metros más adelante. Y ya está el Gallego al lado de la
ventanilla derecha. Quijada: una fracción de segundo para ver al
joven alto, morocho, de anteojos, con una campera azul que le apunta
con una ametralladora y una fracción de segundo para pensar que
debería tomar la ametralladora que lleva sobre sus rodillas con las
mismas manos con que empuñó aquel puntero que le sirvió para explicar
lo de Trelew. Una fracción tan pequeña que la orden no llega a los
músculos que deberían ejecutarla porque el fogonazo en el caño de la
Halcón le dice que ya comenzaron a entrar en su pecho los primeros
balazos y ya empezó a morirse. El chofer: abrir la puerta de su lado
y con la otra mano agarrar la pistola que lleva bajo la pierna y
disparar un tiro hacia el joven que ataca mientras su cuerpo ya se va
tirando hacia la calle. Gallego: asegurar a Quijada. Y las ráfagas
que en vez de <<peinar>> a lo largo del asiento delantero para poner
fuera de combate a los dos, se incrusta en un solo destinatario.
Sólo tengo un pantallaza porque todo fue muy rápido. Detuve la moto.
Al largarse el Gallego nos desviamos hacia el costado y la palanca de
cambio pegó contra el coche, y se torció. Quise enderezarla y se
partió. La moto quedó en segunda y ya no podía hacer cambios de
velocidad. Me di vuelta y vi al Gallego haciendo fuego; a la puerta
del lado izquierdo del coche que se abría; una mujer que se fue sobre
un kiosco de revistas y tiró abajo varios estantes; un Fiat 1500 que
salió violentamente haciendo chirriar sus gomas contra el pavimento...
La puerta derecha que también se abría y el Gallego recamarando la
ametralladora. Después ya venía hacia la moto. La segunda ráfaga que
alcanza al chofer en la mano con la que tiene la pistola y las otras
que buscan al contralmirante en la cabeza y en el pecho. El peso de
su cuerpo cayendo sobre la puerta y abriéndola y la Halcón que se
traba después de ocho tiros. Y el Gallego que dirán los testigos que
sonríe, pero es que recibió un tiro del chofer y lo acusa con un
rictus de dolor.
Quijada ya está muerto; unos pasos hacia la moto que espera en marcha.
Cuando el Gallego se subió no sentí más tiros, aunque los diarios
dijeron que un policía que pasaba por allí nos disparó. Entre el
ruido de la moto y el del tránsito escuché que el Gallego decía
<<estómago>>. Y me puse contento porque pensé que en ese lugar le
había puesto todas las balas a Quijada. Cuando tomamos Pueyrredón
noté que venía mal agarrado. Le grite que se afirmara mejor, y allí
me dijo que tenía un balazo en el estómago. Entonces cruzó los brazos
por encima de mis hombros y se reclinó sobre mí.
Llegamos hasta Pueyrredón y Libertador; había un embotellamiento del
tránsito y la moto se paró. No podía ponerla en marcha de nuevo
porque la palanca de cambios estaba rota, así que la dejamos en una
plazoleta y ayudé al Gallego a caminar hasta el auto que esperaba en
la playa de la Facultad de Derecho.
El Gallego Palmeiro recibió en la acción donde ajustició a Quijada,
un balazo en el estómago sin orificio de salida. Conducido a una
casa, murió cuando se lo iba a trasladar para intervenirlo
quirúrgicamente. Su primera pregunta al llegar a la casa había sido:
¿Lo maté? Y cuando los compañeros que ya lo sabían por la radio le
informaron que sí, dijo: ¡Los vengué!
Los diarios de la época informaron profusamente de la muerte de
Quijada. Lo que no dijeron, es que a partir de ese 30 de abril, el
Gallego Víctor José Fernández Palmeiro, junto a los dieciséis
mártires de Trelew, empezaba a vivir en el corazón de su pueblo."
Leyendo la crónica del ERP, vemos que un asesino frío y calculador
estaba haciendo sus primeras letras en la novela negra policial...y yo
sospecho quien.
Mírelo fijo a los ojos, porque en cualquier momento podemos cruzarnos
con este hijo de puta de buena pluma. Y tenemos la obligación de
decirle que sabemos la basura que es.
Horacio Ricardo Palma - Columnista del diario "Gualeguay al día"
Nota: Agradezco al Dr. Rafael Sarmiento, ex juez que enjuiciara a
Argemí y autor de "El revés de la toga", de donde he sacado los datos
de la causa.
Mis estimados: estoy buscando un viejo amigo cuyo nombre es exactamente igual que el del fotógrafo (R. M. Stallard)
Si existiese la posibilidad de que me contactasen con él les agradecería infitamente.
Desde ya muchas gracias.
Eduardo (El Negro)
Hola, este sujeto/hombre Argemí, digamos que zafó como pocos zafaron, pero yo le pondría otro título a tu entrevista, La muerte le sienta bien...tiene un pasado bastante groso, matar nunca es bueno, para nada y el lo hizo en esa época, tanto como los otros y con tanta sangre fría como aquellos, No leí nada de él, a lo mejor escriba bien, pero eso importa?? Sí mejor que se quede en España y no vuelva, un asesino menos, gracias por las fotos, es bueno verles bien la cara...
hola como estan??
mi nombre es tania.
mi viejo (Jorge Salinas alias "Bocha" o "Pajarito") militaba en el ERP22 (zona Mataderos) al igual que Argemí, estoy en busca de datos sobre el y sus compañeros...me encantaria poder contactarme con Argemí, si me podrian ayudar estaria muy agradecida.
Saludos y muchas gracias
Amigos:
Por ahora me limito a un mensaje sencillo. Más adelante les contaré con detalles. Tan solo les digo, en este momento, que tienen un blog excelente, con frescura y lucidez envidiables. Gracias por apostar por la música alternativa, por ese trozo de rebeldía sonora que vive, o más bien, sobrevive en la periferia de este planeta.
Un saludo desde el centro
de Cuba,
Roberto Reyes.
A través de la página de Horacio Elena conocí a Raúl Argemi. Soy rosarina de nacimieto y platense por adopción. Escribo poemas y cuentos breves. Me parecieron sumamente interesantes el tipo de novela que escribe Raúl Argemi por algunos párrafos leídos en Internet y su compromiso social que se refleja en sus entrevistas, en especial la de Página 12 y comentarios, Tambien sufrí las consecuencias de las delirantes atrocidades de las dictaduras. Soy del 40. No pude irme del país y....acá estoy. Un saludo y mis felicitaciones A Raúl Argemi
l unico que le diria a esta infeliz es como se puede ser tan cobarde,mentiroso y sin verguenza y andar suelto,soy el hijo del almirante quijada,un hijo orgulloso de su padre,inmundo desgraciado,tal vez nos conozcamos cara a cara.seria intresante.
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