efecto tabano

¿Por qué no? Veamos un poco de cine a través de los ojos más tabanescos...

LO BUENO DE QUE LA HISTORIA SE CUENTE \"SOLA\"...

Cuando el director ni pinta por el film

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Fuimos a ver “Fasinpat” al cine. Nos gustó. Es un documental que nos dejó esperanzados. Y ¿es un documental un hecho artístico que inevitablemente revela datos de la realidad pasada y presente para construir una imagen de futuro posible? Ni mamados pretenderán que contestemos una pregunta así en una modesta crítica como esta, ¿no? Pasen y vean.

La película se llama: “Fasinpat”
La dirigió: Daniele Incalcaterra
La escribió: Daniele Incalcaterra
La pasan: En el Cine Español de Neuquén

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Anoche se estrenó “Fasinpat” (Fábrica Sin Patrón) en Neuquén.

“Fasinpat” es el documental que el cineasta italiano Daniele Incalcaterra presentó anoche en el cine Español de esta ciudad.

Usted, que está leyendo esta crónica en otro país, en otro continente: ¿sabe lo que es la experiencia Zanón?

Voy a tratar de sintetizarle lo que la filosofía Efecto Tábano entiende por experiencia Zanón, ¿me deja?. Y a todos los lectores y oyentes que estén leyendo esto ahora y conozcan -por cercanía geográfica- esta experiencia, les pido que no se aburran leyendo una nueva reseña sobre un hecho que comparten y conocen. Es más, quien se vea tentado a explayarse más y/o agregar datos e impresiones a lo que vamos a contar a continuación, ‘pos que le den masa en el foro de aquí abajo, por supuesto.

Arrancamos

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Acá, en Neuquén, que es una provincia argentina de la Patagonia -el auténtico culo del mundo- hay una fábrica de cerámicos y revestimientos para el hogar llamada Zanón, que es una de las más grandes de Sudamérica.

Esa fábrica la montó en 1979 un tipo de apellido Zanón, un italiano que se llevaba de perillas con el régimen militar que nos gobernaba por aquellos años. Ellos (los militares, claro) le dieron las facilidades económicas para que arranque con este “monstruo” fabril. Y el tano arrancó.

Los años pasaron. Ni bien Estados Unidos se cansó de mantener a los militares, las "democracias" regresaron a estas tierras. Que lindos años aquellos, la sensación de que todo era posible nos inundó, hasta que nos tapó el agua. Pero ese es otro tema de conversación.

Ahora sigamos con Zanón, que -de regreso la democracia- se hizo amigo de Raúl Alfonsín, de Menem y de De la Rúa. De cada uno de los presidentes de turno, bah.

Con ellos cenaba, se sacaba fotos, sonreía. Zanón era un experto en el arte de manejar su propia imagen para engrosar sus propias arcas. Un burgués hecho y derecho, bah.

Así fue como consiguió que el gobernador de esta provincia, Jorge Omar Sobisch, lo considerara un “aliado estratégico” (a él le encanta utilizar este término cada vez que puede) y le otorgó subsidios millonarios para que renueve la fábrica.

Zanón utilizó estas inversiones, aunque no sabemos muy bien para qué, ya que en 2000 su intención fue la de vaciar la fábrica y cerrarla. No, no fue paranoia de los obreros más “politizados” (bueno, esta es otra de las palabras que le encantan al gobernador, sobre todo para utilizarla en un sentido peyorativo...). Zanón lo dijo, y clarito: cierro.

El tano sabía que el presidente De la Rúa estaba entusiasmado en dejar que todo se fuera al carajo. El tano sabía que aquí, en Argentina, iba a haber estallido social. Quizás era una muy buena idea desmontar todo aquí y volver a armar la fábrica en Chile, Brasil, Bolivia, el Congo, la cochinchina... do quiera. Para algo el tano tenía tantos buenos amigos que sabrían como aconsejar un nuevo destino. Delicias de un mundo globalizado, ¿no?

La decisión era redondita, legalmente posible y limpia (¿o es que algún medio de comunicación grande se iba a hacer eco de la noticia de que una fabrica cierra y quinientos tip@s quedan en la calle?)

No contaban con su astucia

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Pero el tema es que don Zanón no contaba con un pequeño detalle: l@s obrer@s se habían organizado, y habían sacado a flote el sindicato de trabajadores ceramistas, gremio sepultado y pisoteado por él mismo y todos sus amigos que se iban turnando en el poder político/económico de turno.

Se las hago corta: en cuestión de meses, l@s obrer@s se opusieron al plan de vaciamiento del patrón y en octubre de 2001 tomaron la fábrica.

Desde entonces aseguran la producción sin patrón. Todos ganan el mismo salario de 800 pesos y generaron nuevos puestos de trabajo.

¿No es esta una hermosa historia para contar en una película?

El otro Tano

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El otro Tano de esta hsitoria se llama Daniele Incalcaterra. Es romano. Actualmente vive entre París y Buenos Aires. Sonríe todo el tiempo, pero antes de sonreír piensa un poco (esa es una constante que pudimos constatar cada vez que lo vimos).

Daniele tiene cincuenta y pico de años, pertenece a una generación que se dio el permiso de imaginar una sociedad bastante diferente a esta tan despitucada que tenemos hoy.

Aquí, en Argentina, ha filmado un documental que se llama “Tierra de Avellaneda” y en Bolivia y Argentina otro que se llama
“Contr@site”

Hace un año y medio se vino a Neuquén y filmó su película sobre la experiencia Zanón. Esa película es “Fasinpat”, que es el nuevo nombre que l@s obrer@s de la cerámica Zanón quieren darle a su lugar de trabajo, pero todavía no pueden oficializarlo porque ninguno de los gobiernos (provincial y/o nacional) toman la decisión política de darle un marco legal a la situación en la que viven, trabajan y crecen l@s obrer@s.

Podríamos seguir hablando de la experiencia zanón. El paratexto es realmente tentador. Pero hablemos un poco de la película, ¿les parece?.

Salirse del relato

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La mirada de el otro tano en “Fasinpat” es realmente concreta, una apuesta fuerte. Su elección es impecable e implacabale. Su película lo trasciende. ¿Cómo fue que lo logró? Pues tenemos una teoría, cotéjenla:

A diferencia de lo que dicta la tendencia mundial en el género (documental, claro), Incalcaterra ha elegido permanecer “fuera” de su relato.

Y, homenajeando al documentalista del que estamos hablando, ejemplifiquemos este “afuera” que ha sabido conseguir Daniele contando una anécdota bien italiana. Una vez le preguntaron a Carlo Ponti que opinaba del cine de Nani Moretti, personaje que siempre aparece -y mucho- en las películas que dirige. Ponti -histriónico y medio ortiva, como suele ser él- dijo simplemente: “señor Moretti, por favor córrase de adelante de la cámara, que no me deja ver la película”.

El documentalista actual suele ser un prisionero de este divismo que Ponti ejemplificó tan descarnadamente con esa frase. Véanlo allí al gordo Michael Moore, anteponiendo su gigantesca humanidad a todo. A veces le saldrá bien (“Roger and me”, “Bowling for columbine”), a veces no tanto (“Farenheit 911”).

Hay historias que no necesitan de la fuerte marca subjetiva del director que las narra. Eso no es nuevo, pero el vicio por perpetrarlo que tienen los realizadores en todo el planeta sí que permanece, eh...

A propósito, y tratando de entender las distintas implicancias que el “entrar” o “salir” en cámara cuando uno cuenta una historia importante pueda tener, con Pablo Scatizza publicamosen la web del periódico “(8300)” un ping pong de impresiones sobre “Memoria del saqueo”, el último documental de Pino Solanas. En esa ocasión nos devanamos los sesos para tratar de discutir el tema de la presencia notable de las ideas concretas de un creador en su propio documental. Ahora las cosas han cambiado un poco. No voy a incurrir en el postmodernismo de decir que me arrepiento de haber discutido ese tema con Scatizza, pero debo reconocer francamente que después de ver “Fasinpat” siento que en cierta medida hemos perdido un poco el tiempo al centrar nuestra discución sobre ese eje.

Incalcaterra nos demostró en los hechos que el realizador puede alejarse de la cámara, dejar de aparecer (físicamente) e inclusive dejar que solo las imágenes cuenten con fuerza lo que su intelecto quiere contar, sin guiones explícitamente explícitos, sin narraciones en off que iluminen el relato en un ipso facto feroz y hasta a veces ególatra.

La lección (sin ser lección) sobrevuela la película de Daniele y parece decir "para 'desaparecer' del relato hay que utilizar arte y trabajo".

Las herramientas “mágicas” que el otro tano utilizó fueron pocas pero efectivas: mucha fe en una historia fuerte, materia prima muy bien lograda (imágenes y sonido impecables), paciencia para editar (sin apresurarse y sin la necesidad de ser “efectivo” en la edición), buena música (y solo aplicada cuando es necesaria) y la plena convicción de que la realidad trasciende por completo a nuestro intelecto.

Esta última es una idea central en "Fasinpat": en ocasiones -y por más que seamos personas ávidas de justicia y hasta inteligentes a veces- los protagonistas son otros. Podemos entenderlos, podemos solidarizarnos, podemos concordar en pensamiento, pero debemos corrernos de cámara cuando el peso de una historia nos trasciende ampliamente. Esa es la mejor manera de apoyar y ayudar a permanecer esas historias que decimos defender.

Pituca decisión

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Y esa es la excelente elección que ha tomado el otro tano para narrar “Fasinpat”.

En la web de la revista “Lateral” hay una excelente entrevista a Incalcaterra en la que el otro tano habla de la reacción del público europeo al ver su película.

Daniele confiesa allí que el comentario "¡Es posible la autogestión en esta realidad globalizada del mercado!" es el comentario del público que más lo llena.

Pues este simple asombro es toda una definición en sí de Daniele Incalcaterra, “el otro tano”.

Bien por Daniele, entonces. Ha encontrado el tono, la estética y el desapego para contar clara y humildemente una experiencia tan fuerte como la experiencia Zanón.

Lo felicitamos Tano, usted -sin quererlo, estamos casi convencidos- ha marcado un nuevo ritmo narrativo que muchos deverían empezar a desplegar como método de trabajo.

Tábanos molestando

  • Eduardo M. 27/09/2004

    Vi la pelicula y comparto en un 100% lo que dice este articulo

    Daniele vio la experiencia Zanon con ojos solidarios y bien precisos

    Aguanten las fabricas recuperadas!!!!!!

    saludos a todos los tabanos

    Eduardo Menghini