efecto tabano

Cuando un tábano pregunta, otro responde. Esta es nuestra sección íntegramente dedicada a las entrevistas.

PASIÓN Y RAZÓN SIN CONFLICTOS

escritor + matemático = guillermo martínez

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Guillermo Martínez tiene 42 años. En 2003 le otorgaron el Premio Planeta por su novela "Crímenes imperceptibles". Cuando le tocó "explicarla" a la prensa, muchas veces optó por decir que era un intento literario por demostrar que la razón y la pasión no son incompatibles. Si bien ya se lo reconocía como un excelente escritor, a partir de ese premio comenzó a jugar en la Primera A de popularidad editorial. Este sábado estará y disertará en San Martín de los Andes. Pasen y conózcanlo.

Imaginen a un tipo que diserta en una Universidad y su ponencia se llama "El cuento como sistema lógico". ¿Pueden imaginarlo? Bueno, estarían imaginando un perfil posible de Guillermo Martínez, un escritor nacido en Bahía Blanca que además de mantener una relación pasional/laboral con la literatura, alterna la literatura con los trabajos académicos relacionados a su doctorado en Ciencias Matemáticas, en la especialidad de Lógica. Este sábado (a las 20 en el Centro Cultural amankay), Martínez llega a San Martín de los Andes convocado por la Agenda Cultural y el Grupo La Mirada. Parece que seguirá descifrando las letras en sistemas lógicos, que no es poco che.

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{{Periodista: Hace unos meses charlábamos en la versión radial de "Efecto Tábano" con Alberto Rojo, músico tucumano que vive en EEUU. El es científico de
una ciencia bien durita como la Física. Vos tenés algo en común con él: otra ciencia "durita" como trabajo y una orientación a contar otras cosas mediante un arte. Así que te voy a preguntar lo mismo que a él: ¿Hay una "batalla" entre tu hemisferio derecho y tu hemisferio izquierdo?, ¿cuál de los dos quiere trabajar más?}}

Guillermo Martínez: Siempre me consideré antes que nada escritor: la matemática apareció mucho más tarde en mi vida, casi como un accidente. De todas maneras debo admitir
que me ha proporcionado una gran variedad de temas, personajes, e incluso una manera de pensar algo diferente dentro de lo literario. Los tipos de trabajo que requieren las dos disciplinas son bastantes diferentes. Dentro
de la matemática los momentos de inspiración llegan (en mi caso) en general después de una secuencia de prueba y error con diferentes acercamientos. En la literatura mi preocupación fundamental es mantener cierta frescura,
"necesidad" y originalidad, idealmente línea por línea. Pero por supuesto todas las operaciones literarias requieren también una multitud de cálculos intelectuales y un uso de la razón orientada en modo "estético", de la misma manera que hacer matemática requiere hasta cierto punto que la razón esté orientada en modo "verdadero", "demostrable", pero también con un grado de alerta a cierta elegancia con que suelen revelarse las buenas soluciones. Hay una cantidad muy interesante de analogías entre las dos disciplinas, pero como dice el kamasutra sobre las posiciones más complicadas: esto sólo se aprende con la práctica.

P.: Con una mano en el corazón contanos que ha cambiado en tu vida cotidiana desde que te has convertido en un escritor premiado y las editoriales te consideran "de renombre". Es decir: ¿opera algo en tu interior que te hace
trabajar de otra forma?

G.M.: Siempre fui un escritor muy lento y como consecuencia tengo siempre una lista larga de temas de cuentos y novelas que se van postergando. La novela y los cuentos que estoy escribiendo ahora los tenía anotados antes de escribir "Crímenes imperceptibles". Como contrapartida de esta lentitud (o quizá por eso mismo) soy extremadamente fiel a mis proyectos y muy raramente los dejo de lado una vez que los empecé. De manera que en lo esencial nada cambió con el premio, salvo la sorpresa, muy agradable, de que me reconozcan en las librerías, de que lectores de todo el mundo me escriban y de ver cada tanto, en un bar, en el subte, que alguien está leyendo alguno de mis libros. Debo decir también que registré algunos arrebatos de envidia de colegas en el periodismo cultural, como parte de la reacción de desconfianza instintiva que provoca en los círculos literarios cualquier éxito de ventas.

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P.: Un escritor patagónico nos decía el año pasado sobre su propia obra: "en los ensayos me concentro y en la literatura me disuelvo", ¿compartís?, ¿en cual de las dos te sentís más cómodo?

G.M.: Los registros de lenguaje en cada caso son muy diferentes, para los ensayos elijo en general una prosa lo más clara y precisa posible y apenas, cada tanto, algún matiz de ironía. En una novela o en un cuento los diálogos,
los acercamientos a los personajes, la creación de atmósferas, requieren cambios y matices permanentes. El ensayo participa del rigor de la demostración matemática: uno quiere convencer por imperio de las leyes de la
argumentación. En la literatura se ejerce la sugestión, la seducción y se convence por imperio de razones de orden estético o emocional.

P.: Otro escritor patagónico (en este caso Raúl Argemí) nos planteaba algo muy interesante: el escritor de ficciones está jaqueado en estos tiempos que corren por el tema de la verosimilitud de lo que cuenta. Argemí nos decía que la gente le cree cualquier barbaridad al periodismo, pero desconfía de la propuesta de un escritor de ficción. Y lo decía porque él es periodista y escritor. Vos que sos escritor y científico debes sentir eso con más rigor
aún, ¿no?

G.M.: Los verdaderos lectores son como aquellos niños que prefieren ser cautivados por el mago de la fiesta antes que gatear debajo de la mesa para descubrir los trucos. Conocí una vez a una chica que no empezaba un libro sin leer
antes la página final: en el caso de las novelas policiales se ahorraba así las trecientas páginas previas. Uno no puede hacer nada contra esta clase de lectores, más que compadecerlos. Pero durante el largo trabajo de la
escritura yo nunca pienso en los lectores, y mucho menos me propongo ganar para el campo de la lectura a los televidentes, o me procupo por cuestiones sociológicas o estadísticas. En realidad nunca me pregunto por otro lector
que no sea yo mismo, y que trata de dar sentido y unidad al devenir del texto.

Dios como número

escena de \"pi\" de darren aronofsky

P.: ¿Viste la película "Pi" de Darren Aronofsky?, ¿compartís el postulado de que en la matemática está la respuesta a la pregunta que más ha desvelado al hombre: quién es Dios?

G.M.: Ví esa película y me gustó bastante, sobre todo la relación con los cabalistas, pero soy demasiado ateo como para interesarme seriamente en postulados del tipo quién es Dios. No creo tampoco que a nivel personal y más alla de formulaciones filosóficas abstractas, los hombres se hayan
desvelado tanto por este asunto: en general hay aceptación sumisa, inculcada en la infancia y no revisada luego, o descreimiento, pero pocas veces verdaderas crisis sobre la cuestión de la fe.

P.: ¿Cómo venís con tus ediciones, más fuertes afuera que en Argentina o viceversa? Cualquiera sea el resultado, contanos que opinás sobre la realidad editoreal actual.

G.M.: "Crímenes imperceptibles" tuvo hasta ahora cinco ediciones en Argentina, lleva vendidas otras cinco en España y tres en Italia, donde apareció muy recientemente. Será traducida a un total de veinte idiomas y ya apareció en
varios otros países. En enero se publicará en Inglaterra, Alemania y Francia. Creo que hay en el mercado local nuevamente una apuesta a la literatura argentina y una consolidación de algunos de los escritores "jóvenes" que
surgieron en los 90. Aunque los libros están en mi opinión carísimos el público aparentemente vuelve a interesarse por los escritores argentinos. Esperemos que no sea sólo una moda de la devaluación.

Tábanos molestando

  • WpRvsoKhefqGEjBhY 07/03/2013

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