efecto tabano

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ALGO PUEDE PASAR (Capítulo XIX)

¿¿¿¿Cómo que vamos a volver al renacimiento????

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La conclusiva reflexión "Gonzalo Caballero está totalmente de la cabeza" ya fue lanzada desde aquí. No una, mil veces. Por eso hemos decidido no decir absolutamente nada al recibir el capítulo XIX de su web-novela "Algo puede pasar", más que nada cuando nos dimos cuenta de que no se desarrollaba en la actualidad y en Necochea, como en el capítulo anterior; sino que volvía al romanticismo y dale que va con Marco Polo y el Dante. Y bueno... el pibe es así. Pasen y vean.

Polo, Alighieri y los Chou

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La relación de micer Marco Polo con el padre, si bien Marco adorna un poco en su libro al principio, es muy vaga, inexistente en relación a la que mantuvo con el rey de reyes, Kublain Kan.

El padre lo abandona durante toda su infancia. Marco deambula mucho tiempo por los muelles, viviendo de la caridad de la gente o realizando algunos trabajos ocasionales; mientras espera que en uno de sus retornos a Venecia, su padre decida llevarlo por alguna de las rutas comerciales, lejos del imperio. Ésta, creemos nosotros, fue la razón por la que Marco Polo tras 20 años de viajes regresa a Lombardía, la tierra de su madre.

¡Que fiesta aquella fiesta!

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Poco quedaba de su descendencia, una casa en las orillas del Garda, una familia fragmentada y el dolor del tiempo que nunca retorna. Ese es el Marco de Dante, el Marco Lombardo, el virtuoso, el que supo de un basto mundo y la idiosincrasia del hombre. Aquel que Dante escucha, en un purgatorio donde el humo lo pierde, en esa fiesta donde un día se conocen; lugar de "sombras de infierno de noche despojada", un casamiento que Dante jamás olvida, porque, como el mundo "extraviado, inmundo" se le muestra; así el poeta da cuenta de aquella fiesta... "como si allí reinase la concordia".

Ese es el purgatorio de Alighieri, el casamiento de los Visconti. Esa, es la idea más acabada de la moral de Italia, del rumbo perdido del cristianismo. Y es Marco quien vuelve a orientar a Dante hacia la verdadera virtud, una virtud que Dante cree estar perdiendo y Polo vuelve a encausar, así, en palabras de micer Marco, Dante recuerda el oráculo y aquella respuesta, "La torre".

"La buena ley la frena y la socorre,que un rey conviene/ que a lo menos mida de la ciudad auténtica la torre...."

En el contexto del poema, Dante hace referencia a dos cosas. Por un lado, un paralelismo entre el casamiento de la viuda de Este y la moral cristiana, en relación al destino y el libre albedrío de los hombres, o mejor sería decir, se vale de la reputación que ella tenía, como sostén, como imagen de la decadencia moral.

La contemplación es la respuesta

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Por otro lado, Alighieri toma por figura y consejo la noción "de la torre". Al hacerlo, intenta referir la torre más significativa que hasta el momento conocían los italianos, la de Pisa; simplemente hoy no cuento con mayores fundamentos que la singularidad con la que Alighieri lo expresa, bastandome para dudar sobre los argumentos que describen mil veces a Florencia como la ciudad "de las torres". Algo más, el siguiente es el Canto XXXIII, Antenora. El que habla es Ugolino un Conde de Pisa que fue encerrado, junto con sus hijos, en aquella torre por orden del Arzobispo Ruggiero. Así la describe el poeta.

"...es lo cruel que fue mi dura muerte;/ lo oirás, y sabrás si me ha ofendido./ Un tragaluz de aquella torre fuerte/ a la que el nombre de Hambre yo le he dado/ -que otros en ella sufrirán mi suerte-/ por su hueco me había ya mostrado/ muchas lunas, y entonces tuve un sueño..."

"...Ay Pisa, vituperio de las gentes/ del bello suelo donde el sí se entona,/ ¿por qué no te castigan los diligentes?..."/
Dante se sirve entonces de esa advertencia que Marco le muestra de las mutaciones de los Chou o libros de las mutaciones, como luego se conoce, al decir que la parte más visible de la ciudad de un rey, es la torre, desde donde el rey observa al pueblo y a donde el pueblo debe dirigir su mirada, o sea hacia lo alto, y en esa altura está Dios.

La contemplación es la respuesta del oráculo que Dante obtiene, el nombre chino de ese hexagrama es Kuan y de los dos trigramas que lo componen se extraen las líneas que dan por figura una torre.

Son dos las referencias de Alighieri sobre el oráculo que Marco Polo trajo de sus embajadas en China; sin duda uno de los obsequios más importantes que le hace el Gran Kublain Kan al mercader. Ese es el Marco que Dante conoce, el hombre que caminó mil tierras, para de cada una rescatar la singular virtud que la enaltecía; un hombre que supo recorrer el mundo para luego poder mostrarlo sin rastros de olvido.

Búsqueda de identidad

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Quizá sea ésta la razón por la que Marco hace la traducción en la costa del Garba de su libro, de la lengua vulgar al lombardo; por un sentimiento que lo marcó toda la vida, testimoniar su experiencia, desde una identidad, que no se logra identificar con país alguno. Espero no equivocarme al decir que quizá en esa búsqueda de identidad, o como una reafirmación de un origen del que nunca fue ajeno, Marco rindió homenaje así, a Lombardía su tierra materna.

"... En la séptima zahorra he contemplado/ mutarse y transmutarse; y ya me excuso/ por lo nuevo, si de ello he abusado... "

Este es el canto XXV del infierno que Dante recorre, y habla de algunos ladrones de la época, usurpadores y venganzas.

La concepción del inexorable mutar de los elementos se ve en dos pasajes del poema pero transcribo ésta por la doble idea que encierra; la mutación, y los seis pasos que realiza. La cosmovisión China sobre el universo y los elementos, junto a todas las circunstancias que de él se desprenden, dice que todo se dirige de un opuesto al otro y que dicho movimiento se lleva a término en seis etapas. La séptima etapa a que Alighieri se refiere como a una "zahorra", por la idea de que es una parte de un vehículo pronta a expulsarse, adquiriendo así un nuevo impulso, un nuevo movimiento, el séptimo, y es donde Dante se sitúa. Sólo desde ahí Alighieri puede contemplar el infierno en forma clara, y se excusa luego de eso de lo que ahora forma parte; otra realidad, una nueva circunstancia, la mutación que se genera con el séptimo movimiento.

Es después del sexto movimiento, el de la oscuridad, que llega nuevamente la luz, "la luz joven" dicen los Chou, cuando el seis es vivificado por el uno, dando así lugar a un nuevo comienzo, el séptimo peldaño, justo desde donde Alighieri termina el poema.